jueves, 15 de noviembre de 2012

SOMOS ESPEJOS ROTOS





Primero fue el espacio sin límites, la percepción del cerebro emocional, intuitivo, en el que nada encierra a nada, en el que Cielo y Tierra son una misma cosa, en el que todo es ventana sin marco Pero nos llegó luego la percepción causal, dicotómica, razonadora, con sus tabiques, fraccionando el todo, segregando la Tierra del Cielo y al hombre de Dios. Y se erigieron grandiosas catedrales símbolos del universo causal. Así que al otro lado de la bóveda de la catedral, el Cielo. Dentro de la catedral, entre sus muros, la Tierra. Y como fraccionar es desunir hubo que abrir huecos en la tierra para que pudiera llegara a ésta la luz del cielo. Y surgieron las ventanas. Y con ellas las vidrieras alquímicas que pretendían recoger la luz pura del Cielo –sin distorsiones- y logar así llenar con ella la Tierra, esa cámara oscura que era el interior de toda catedral. Fue el primer cinematógrafo en el que tan sólo había luz y un objetivo que intentaba recogerla en toda su pureza. Pero la percepción dual, generadora de un yo, trazó imágenes terrestres en los cristales, antes puros, de las ventanas para que la luz del cielo los proyectara en la pantalla de nuestro mundo. Y primero fue el Demiurgo y luego el taumaturgo Jesús. Después los cristales delas ventanas se fueron opacando y fraccionando más y más y de esas primera imágenes simbólicamente divinas se pasó a unas ventanas multimedia que ya no son luz sino que utilizan la luz para mostrarnos historias terrenas.



Y el yo de los humanos, ya hipertrofiado, cerró ventanas y creó espejos. Ya no somos cristal que deja cruzar la luz. Somos vidrio en el que tan sólo podemos vernos a nosotros mismo fragmentados. Porque ya ni siquiera somos un yo integral. Mi yo puede enfermar de las piernas, del bazo, de los intestinos…y si enferma –a decir de la medicina causal- de los intestinos, ¿de qué parte concreta de esos intestinos? Y esa enfermedad de un trocito del yo será o no enfermedad según lo decida el médico que más espacio ocupe en el espejo.



Un ejemplo. Un doloroso ejemplo de cristales fragmentados y de espacios en el espejo: cuando yo tenía 17 años mi padre enfermó. En realidad, a entender del médico de cabecera, quienes enfermaron fueron los intestinos de mi padre. Y como era un médico con poco reflejo especular decidió llamar a consulta a un médico con más entidad especular porque u reflejo se condensaba en fragmento intestinos. Y ese fragmento de lumbrera decretó que a mi padre, con una oclusión, se le habían muerto los intestinos. Pero mi padre que, como todo humano, era un ser integral, mostró otro fragmento enfermo: los bronquios. Y vino una lumbrera mayor que sólo sabía leer en el fragmento especular pulmones y decretó que no, que no eran los intestinos lo que se morían sino los bronquios. Sólo que mi padre se murió entero aunque en el certificado de defunción quedara claro que lo que habían muerto eran los bronquios.



Así fue porque e fragmento médico-bronquios tenía más reflejos iridiscentes ante e espejo que el fragmento médico-intestinos. Opino que si hubiera sido llamado a consulta un podólogo especialmente renombrado lo que e le hubiera muerto a mi padre hubiera sido un callo.



No hay big bang, somos un big bang. Fuimos un átomo-universo sin fronteras. Pasamos luego a irnos fragmentando en el claustro materno. Y ahora, hechos ya catedral de espejos en los que sólo podemos vernos a nosotros mismos, la percepción dual nos va alejando más más a unos de otros. O sea, nos alejamos más y más de nosotros mismos. Vivimos en la paradoja de una percepción dicotómica que actúa como una noria de espejos. Giramos, giramos… y creemos avanzar cuando simplemente damos vueltas y vueltas en torno a nuestros propios pensamientos. Aun cuando, eso sí, unos pensamientos que al fraccionarse y volverse más y más a fraccionar nos da la sensación de que avanzamos. Sin comprender que nos perseguimos a nosotros mismos. Y que nuestra acción es inacción. Saltamos de un fragmento a otro de nuestro propio espejo intentando el imposible de vernos en nuestra totalidad.



Ya no somos ventana. Nos hemos cerrado a la auténtica luz. Ya no somos capaces de ver el océano en una gota de agua. Ni el amor en una caricia. Que, como dijo a su amada alguien que me es muy cercano:



“No es verdad que tengamos un alma, es el alma la que nos tiene a nosotros.
Tus ojos son oscuros porque oscura es la noche, y cuando acaricias, es la caricia la que mueve las manos.
El amor, ese corazón que late en otro corazón, es el corazón del mundo que late y es Vida, y cuando decimos te amo, ¿quién ama? ¿el amor?
Para mí eres tú, que has hecho del alma del mundo tu alma”



Pero ya no sabeos hacer del alma del mundo nuestra alma. Ahora vemos en el espejo los mi fragmentos de nuestra alma y creemos haber apresado, aunque despedazada, el alma del mundo. Somos tan solo esquirlas de nuestro propio Big Bang perceptivo y nos estamos alejando a tanta velocidad de nosotros mismo que tenemos que buscarnos en la voz de un teléfono móvil. Hemos levantado tantos tabiques que no sabemos ya que en el fragmento vecino al nuestro también estamos nosotros.

Y hablamos de ayer, de hoy, de mañana. Fragmentos de un hoy que al tiempo es pasado y futuro. Que nuestro hoy es lo que fuimos y, por ello, seguimos siendo Y nuestro futuro es lo que hoy somos y, por ello, seguiremos siendo. Salvo que aceptemos no ser espejo y volvamos a ser ventana, a abrirnos a la Luz. Que todo es Luz y solo Luz. Y la Luz es Amor. Auténtico Amor.

JOAQUIN GRAU

viernes, 2 de noviembre de 2012

PSIQUIATRAS.POLICÍAS DEL PENSAMIENTO





¿Son los psiquiatras profesionales especializados de prestigio que merecen respeto o uno simples charlatanes peligrosos? La mera pregunta se le antojará a los psiquiatras insultante pero para quienes hacemos Discovery DSALUD en realidad la respuesta es obvia: la mayoría son unos charlatanes. Claro que basta conocer el origen de la Psiquiatría y de sus tratamientos para que un escalofrío de terror recorra las espaldas de cualquiera. La cruda verdad es que la Psiquiatría no es más que otro engranaje de la enorme máquina de hacer dinero que se sustenta en la falsa idea imperante de que todo se puede arreglar con fármacos. Cuando lo cierto es que ni las llamadas enfermedades psiquiátricas ni los tratamientos que se usan hoy con quienes tienen la desgracia de ser etiquetados con una de ellas están científicamente fundamentados. Saber cómo nació esta pseudociencia ayudará a entenderlo.



En el siglo XIX se postularon dos tesis que terminaron asumiéndose socialmente de forma mayoritaria que nuestro mundo actual es el fruto de una evolución espontánea no dirigida que ha llevado por azar a la compleja mente del ser humano y que todos los secretos de nuestra salud y conducta se hallan en el ADN. La primera –el Darwinismo- apunta a que fue el ambiente –que comprende la Cultura- lo que dio lugar al hombre y la segunda –La Genética- que los genes determinan todo por lo que poco se puede hacer para impedir lo que nos va a suceder. Añádase a ello la asunción de que el hombre es un lobo para el hombre y la deriva hacia el caos social se considerará inevitable. En aquella disyuntiva científica una corriente darwinista daría primacía a la Evolución y la Cultura –convicción que se consideraría una idea de “izquierdas”- mientras otra entendió que predominara la Genética –asociando los genes con Dios-, convicción que se asociaría a la derecha política. Para la primera, la Cultura sería la solución a todos los problemas y la segunda propugnaría que todo pasa por seleccionar a quienes van a transmitir los genes haciendo que sólo los mejores se reproduzcan. El segundo gran postulado darwinista -¨”Los mejores adaptados sobreviven”- sería la ligazón entre Charles Darwin y la Genética y fundamentaría las teorías eugenistas que en siglo XIX propugnaron en Inglaterra la selección procreadora. Aquel razonamiento simplista marcaría sin embargo el debate político que ha regido nuestras vidas desde entonces apoyándose en los postulados de la Psicología y la Psiquiatria.



NACE LA PSIQUIATRIA

Bien, pues sería en aquel contexto –aún a finales del siglo XIX- cuando vio la luz la Psicología, disciplina que adquirió personalidad propia al desgajarse de la Filosofía. Al poco tiempo nacería la Psiquiatría tras desgajarse de la Medicina. Por lo que aunque parezca que ambas disciplinas están enfrentadas surgieron de caminos ideológicos paralelos.



El término psiquiatría procede del griego y significa literalmente “medico del alma” apareciendo en Europa por primera vez en el Tratado dela Locura de W.Battie publicado en 1758. Y fue en 1811 cuando se establecería la primera escuela de terapia psiquiátrica en Jena (Alemania) seguida de otra en Berlín. Es decir, desde el primer momento Alemania destacaría en este campo siguiendo las corrientes filosóficas –entre otros- de Nietzche y Goethe.



Solo que ya desde su nacimiento se entablaron polémicas sobre si algo que no puede ser testado ni su existencia “comprobada científicamente”, como una enfermedad mental, puede ser curada. Con lo que el principal reto de a Psiquiatría al nacer sería demostrar que aquello que dice existe de verdad. Comenzando por la esquizofrenia, también llamada “mente dividida”. ¿Hay prueba fisiológica de su existencia….como puede haberla de una diabetes por ejemplo? En 1.897 el legislador alemán Julius Lenzmann afirmaría al respecto ante el parlamento alemán: “Lo peores que todo loquero piensa de sí mismo que es más infalible que el Papa. Y eso es preocupante teniendo en cuenta que la mayoría de tales médicos son psíquicamente inestables. Sé de juicios en los que todos los participantes estaban de acuerdo en que los más locos eran los propios médicos”.



En 1870 se llegaría a la conclusión e que como todos lo nervios acaban en el cerebro era probable que los problemas mentales estuvieran en el sistema nervioso. Nacería así pocos años después la Neropsiquiatría –el nombre se lo puso el profesor Wernicke- que rápidamente se extendería sobre todo por Viena, Innsbruck, Berlín, Frankfurt, Colonia Hamburgo y Suiza; es decir, por el área de influencia germánica. Un paso que distanciaría los psiquiatras de los psicólogos –y por ende del Psicoanálisis y de la Psicosomatología- ya que éstos no aceptaban que todos los problemas mentales se debieran a causas físicas.



Con el tiempo la Neuropsiquiatría se desgajaría en Neurología y Psiquiatría –aunque actualmente se mantiene en el seno de esta disciplina una sección de Neuropsiquiatría- que caminarían separadas. En todo faso ambas se constituyeron sobre las ideas darwinistas que tanto influirían en el nazismo, uno de cuyos objetivos fue impedir que los “débiles mentales” procrearan a fin de preservar la raza humana, argumento que recogería Alfred Ploetz en su libro La aptitud de nuestra raza y la protección del débil cuyas tesis pronto asumiría –entre otros- Kraepelin, uno de los primeros psiquiatras alemanes.



Fue en cualquier caso la I Guerra Mundial –que afectó psicológicamente a toda la población, tanto civil como miliar- la excusa perfecta para que determinados grupos de poder relazaran la Psiquiatría intentando “explicar” las atrocidades cometidas apoyándose en la confrontación política. Surgiría así en Alemania lo que se bautizó como histeria francesa”, enfermedad inventada de cariz puramente nacionalista que se diseño para desacreditar a los galos y que no fue sino un arma más de la lucha por la hegemonía de Europa entre las dos naciones. Así la describiría el psiquiatra alemán Max Nonne intentando justificar que se trataba de una enfermedad que también podía afectar a otros pueblos, alemanes incluidos: “Antes pensábamos que sólo se daba en Francia pero ahora la vemos aquí, en Alemana, en todas sus formas: parálisis de las cuerdas vocales y de las extremidades superiores e inferiores, temblores en partes del cuerpo, espasmos musculares, idiocia, incapacidad para ver y caminar, y dislocaciones de las más diversas formas”



El caso es que los psiquiatras decidieron utilizar a los soldados, mentalmente afectados tras ver atrocidades inimaginables hasta entonces, como cobayas. Y empezaron con una singular y aberrante idea: provocar en sus cerebros shocks usando electricidad –lo que hoy conocemos como electroshock- en la convicción de que alguien que ha sufrido un shock traumático igual se cura con otro shock mayor. Dando la gente pábulo a tamaño despropósito porque quienes lo proponían se supone que sabían más que el vulgo –mayoritariamente analfabeto- y usaban métodos que parecían “científicos” porque la electricidad era aún algo “novedoso” y “moderno” y todo aparato que trabajara con ella producía admiración.



Las bases de la “moderna” Psiquiatría se pondrían sin embargo en marcha a mediados del siglo XX con financiación de la Fundación Rockefeller, la Asociación Alemana de Industrias Químicas y los oligarcas Krupp y Loeb, entre otros poderosos grupos de presión. Siendo en esa época cuando se inventa el concepto de “higiene mental” con una serie de objetivos muy concretos como bien describe la obra Psiquiatras: los hombres detrás de Hitler. Concretamente éstos:



-La creación arbitraria de definiciones sobre lo que es normal, anormal, sano y enfermo.



-La aprobación de leyes que regulen los tratamientos psiquiátricos.



-La asunción por los estados de que los psiquiatras deben ser considerados agentes gubernamentales.



-La ampliación de la definición de “enfermedad mental” a fin de incluir a más personas que tratar psiquiátricamente.





ESTIMULO-RESPUESTA. NO HAY ALMA

En cuanto a la Psicología sería el alemán Wilhelmv Maximiliann Wundt quien le daría categoría de “ciencia” al desarrollar en Leipzig el primer laboratorio de esta disciplina en el que investigar experimentalmente. Solo que si bien en un principio el objeto de estudio –al igual que en la Psiquiatría- era la conciencia y el espíritu pronto se decantaría por el análisis del comportamiento –al ser lo más objetivable con datos- enfocándose en cuatro áreas: percepción, reconocimiento del estímulo, decisión de actuar y reacción al estímulo. Descartando pues pronto investigar sobre la conciencia porque el espacio entre estímulo y respuesta estaba condicionado únicamente por la química que jugaba el papel de estimuladora en ese proceso. En suma, coligió que como la conciencia no se puede medir es inútil investigarla. Y de esa presunción procede que hoy se considere por ejemplo el enamoramiento un simple proceso bioquímico en el que el alma no tiene nada que ver. En pocas palabras, decidió primar la cantidad –los datos objetivables- por encima de localidad –los sentimientos subjetivos-, Wundt fue así la inspiración de los llamados psiquiatras “conductistas” –como Paulov, Watson y Skimer que se dedicaron a medir reacciones inconscientes –y de los posteriores sexólogos- con e zoólogo Alfred Kinsey a la cabeza que estudiaron la conducta sexual bajo el mismo protocolo estímulo-respuesta de los estudios con animales. Siendo por cierto otra de sus “hijas” la Publicidad- clara hija del Conductismo y el Psicoanálisis –cuyo objetivo es provocar respuestas condicionadas –como la compra de un producto –mediante el envío de estímulos al inconsciente.



Wundt fue además quien formó a James Cattel y Stanley Hall, los primeros psicólogos que llevaron esa disciplina a Estados Unidos, fundando este último en 1982 la Asociación Americana de Psicología. Además se especializaría en el estudio de adolescentes, ámbito en el que pronto confluirían la Psiquiatría y la Psicología con el inconfeso objetivo –en ambos casos- de controlar al ser humano desde el momento en el que se asienta su personalidad.



PSIQUIATRIA PARA ADOLESENTES

El Dr. Paul Schröder fundaría por su parte en 1939 la Alianza alemana para la Psiquiatría del niño y el adolescente consiguiendo al año siguiente realizar un congreso con la participación del Ministerio de Salud pero también del Ministerio del Interior, del Ministerio de Propaganda y de las organizaciones juveniles hitlerianas. Tras la derrota de Alemania en la II Guerra Mundial la sociedad cambiaría su nombre por el de Sociedad alemana para la Psiquiatría del niño y el adolescente. Yen ella estaban los psiquiatras Villinger y Wagner Von Jauregg, siendo este último uno de los que durante la I Guerra Mndial aplicó electroshock a los soldados para –aseguraba- “curarles de sus histerias”. Bueno, pues el discurso inaugural del Dr. Schröder en ese congreso aclara muchas dudas. ¨La Psiquiatría infantil tiene que ayudar a integrar los daños psíquicos heredados o a niños inadaptados, por su propio bien, el de la ciudadanía y el progreso económico. En todo caso no pueden tratarse al azar y de la misma forma casos diferenciados sino que se debe realizar una discriminación constante y experta de los educables y capacitados y, al mismo tiempo, un justo y estricto sacrificio de aquellos sin valor o ineducables”

Villenger decía por su parte: “Nuestro éxito educacional no depende tanto de nuestra preparación educativa y de la capacidad sino de la arcilla que tenemos que modelar y de la madera que tenemos que esculpir”. En otras palabras, hablaba de “reconstruir” auna persona desde la creencia de que parte de la personalidad se hereda.



Otra destacada miembro de esa sociedad fue la genetista Anna Leiter quien trabajó en Dresde y se refirió explícitamente al “carácter hereditario de la conducta antisocial” tras “valorar” el comportamiento de tres mil niños: “Demandamos un análisis responsable de la extremadamente inusual carencia de emociones en conexión con otras tendencias reactivas criminogénicas (criminales genéticos) para detectar a esos niños tan pronto como sea posible dado que representan un peso imposible de sobrellevar para la sociedad y un peligro para el país”. Y aunque no detallaba cómo se hará aclaraba que debían ser los psiquiatras quienes tendrían que decidir a quiénes se pondría bajo custodia. Bueno, pues tales postulados son el origen de la llamada Psiquiatría Infantil. Lo grotesco es que a partir de ahí esos psiquiatras “especializados” tomarían el papel de peritos y asesores en los procesos judiciales sobre el tema; cuando su único logro “científico” había sido el de poner “fuera de combate” a miles de niños. En suma, fue a través de ese proceso ideológico y esas consideraciones filosóficas como se articuló el concepto de “deserción escolar” que se erigía sobre cinco categorías de niños con los que según Lesch “no se debe tener consideración por sus padres o compasión por su naturaleza bondadosa pues son inapropiadas aquí”:



1 )Repetidores de los cursos escolares más bajos.



2) Estudiantes de los cursos más altos a los que se recomienda acudir a escuelas especiales así como “expulsados, niños-límite y casos cuestionables”.



3) Niños ineducables.



4) Niños con especiales dificultades de aprendizaje.



5) Niños cuyos hermanos o familiares han estado en escuelas especiales “Genética y consideraciones de salud nacional hacen recomendable el registro preventivo” se decía en un memorando.



Schröder –primer líder de esta rama de la Psiquiatría y heredero de Kraepelin y Bonhoeffer- publicaría en 1933 un artículo en una revista médica en el que definiría como “psicópata” a ”toda persona fuera de la media y de lo normal”. Es más, para él “los psicópatas no son sólo los que comparados con la media muestran más o menos autoestima sino también lo que son extremadamente talentosos, capaces de amar, temperamentales, etc.” Con lo que consideraba psicópata, por ejemplo a toda persona con un alto sentido de la responsabilidad y principios éticos.



Bueno, pues tal aberración fue el inicio de lo que con el tiempo se convertiría en el llamado Manual de diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales, el conocido DSM del que en el 2013 se publicará su quinta versión y que para los psiquiatras es “la biblia de los trastornos mentales”. Hay que añadir que el tan Schröeder influyó mucho en la comunidad psiquiátrica y que sus ideas se incorporaron a la ideología nazi como base para saber qué persona debía ser exterminada.



Conociendo lo cual no le extrañará tanto al lector saber que el doctor Hans Heinze, director del Instituto Laender de Branderburgo y consultor sobre eutanasia infantil del Tercer Reich, influyó sobremanera en el Comité científico de registro y heredabilidad de los daños inherentes que fue la organización tapadera para el programa de asesinato de niños y jóvenes durante la Alemania nazi.



Ya en 1931 Heinze había colaborado con Schröder en un libro titulado Las personalidades infantiles y sus anormalidades en el que definirían el término: “degenerado” en el mismo sentido con el que luego hablarían de “psicópata”. “Degenerado –decía en él- significa desviado de la especie, de la norma, de un más amplio espectro de la media. Degenerado no es lo mismo que enfermo. Degenerado también incluye el sobredimensionamiento o infravaloración de una persona, de un atleta, del talentoso o del genio. Un degenerado en el área psicológica es alguien que se sale de la norma, tanto por arriba como por abajo”. Es decir, la estadística ante todo porque ¡la media es lo bueno!.



Obviamente el propósito de esta definición era flexibilizar el concepto para que se pudieran incluir como patológicos todos los casos que se desearan dejando a los psiquiatras la libertad de convertirse en auténticos policías del pensamiento con capacidad para censurar cualquier idea que considerasen “antisocial”…¡como ha acabado sucediendo con el actual código DSM!

Porque hoy día, como ya se ha explicado ampliamente en la revista en varios artículos, hasta la rebeldía o el exceso de inteligencia han sido colocados fuera de la “normalidad” por los psiquiatras. Claro que Heinze estuvo involucrado en el diseño de los programas alemanes de eutanasia –y específicamente de eutanasia infantil-, algo que comenzó a hacer desde el manicomio de Branderburgo influyendo sobremanera en la doctrina nazi.



Lo inconcebible es que todos los psiquiatras mencionados continuaron con su trabajo una vez cayó el régimen nazi y mucho de ellos terminaron en Estados Unidos a raíz de la Operación Paperclip –por lo que se les exoneró de ser juzgados por el tribunal de Nüremberg- influyendo decisivamente en la naciente Psiquiatría norteamericana.



En 1948 Stutte y Villinger colaborarían en un artículo titulado Tareas contemporáneas y problemas del tratamiento de la juventud en el que proponían una reforma de la educción “de estos delincuentes juveniles sea una tarea psiquiátrica”. Ocho años después el propio Stutte solicitó medidas más drásticas en su Manual para la educación institucional llegad a decir: “El infeccioso grupo de los asociales crónicos debe ser introducido en el sistema sanitario tan pronto como sea posible pues están necesitados de tratamiento especial” Siendo una de las medidas propuestas ¡esterilizar a las personas minusválidas! Bueno, pues en 1971 la Sociedad para la Psiquiatría Infantil concedería al doctor Stutte ¡una medalla! En suma, tales son las bases de la moderna ”ciencia” de la Psiquiatría. La que ha llevado a que en su publicación Educación moderna el Dr. Müller-Küppers escribiera: Desde la base del estudio con gemelos debemos admitir que hay un componente hereditario en ciertos comportamientos. A través de la introducción del tratamiento médico moderno –que puede ser aplicado también a niños- su curación ha mejorado. El tratamiento electroconvulsivo (electroshock) puede pues ser usado si no hay otra forma terapéutica de tratamiento”



El doctor Remschmidt, por su parte, tras estudiar numerosos casos de hiperactividad en niños, fue quien logró –gracias a su influencia- que acabara convirtiéndose en lo que es hoy: una presunta enfermedad estúpidamente tratada con drogas. Siendo los “criterios” para diagnosticar que un niño padece hiperactividad si es impulsivo y excitable, presta poca atención, comienza a menudo las cosas pero no las termina, se distrae fácilmente queriendo que sus deseos se realicen, llora mucho y tiene cambios bruscos de ánimo y tendencia a enfadarse siendo su conducta imprevisible. Inconcebible. Bueno, pues para Muller-Kuppers toda posible solución legal para un delincuente juvenil debería ser fiscalizada por un psiquiatra. Especialmente porque hoy se sabe que ninguno de esos niños tiene fallos orgánicos. A lo que Remschmidt responde que el problema está sin duda “en sus genes”, socorrido “cajón de sastre” al que achacar todo lo que se desconoce. Claro que quien tal cosa afirma también asegura que “¡el 10% de los niños” son enfermos mentales que necesitan tratamiento!



La verdades que encontrar hace unas décadas a un niño mentalmente enfermo era poco menos que imposible. Sin embargo hoy hay millones siendo “tratados” con fármacos. Lo que demuestra que la industria farmacéutica se ha impuesto a los médicos, a los padres y al sentido común. Se ha hecho realidad la visión de Kraepelin que ya en 1892 acuñó el término Farmapsicología escribiendo: Llegaremos al punto en que veremos claramente que un remedio químico puede influir de manera precisa en el proceso del pensamiento”. En otras palabras, la comunidad psiquiátrica ha sido autorizada por la “sociedad” a usar de cobayas a millones de personas para ver cómo reaccionan a as drogas que ellos van creando. Solo hizo falta convencerá la gente de que hay millones de “enfermos mentales” que necesitan ser tratados con medicinas Así lo promovieron por ejemplo los psiquiatras alemanes que en un memorándum dado a conocer en marzo de 1970 decían: “La enfermedad mental es la más común de nuestra sociedad. Dado el hecho de que en una sociedad moderna entre el 10 y el 12% de la gente precisa tratamiento psiquiátrico es imperativo que el Parlamento y el Gobierno federal se preocupen seriamente de los problemas mentales”. Bueno, pues con tan simple declaración-que no se apoyaba científicamente en nada-se puso en marcha la Operación Enfermedad Mental II como lógica evolución de la propuesta nazi ya mencionada y conocida como Higiene Mental que terminó dando lugar en la Asociación Alemana por la Higiene Psicológica y La Liga Europea por la Higiene Mental. Con la finalidad última de obligar al individuo a que se adapte a la sociedad que se le impone si no quiere ser considerado un peligroso inadaptado o un enfermo mental. Contradiciendo al célebre místico Krishnamurti para quien “no es saludable estar bien adaptado a una sociedad enferma”. No está demás recordar que en su origen la expresión “salud mental” y la política que derivaría de ella se crearon para tratar las irritaciones y reacciones en el trabajo cuando comenzó la Revolución Industrial. Es decir, lo que hoy llamaríamos “estrés” que entonces no era más que la inadaptación al trabajo esclavo impuesto por los oligarcas de la época.



LA PSICOLOGIA SE EXTIENDE POR ESTADOS UNIDOS



Conviene agregar que aunque Wundt fuera su creador la Psicología fue desarrollada por su discípulo ruso Paulov y más tarde por los estadounidenses Watson y Skinner; siempre sobre la idea de que el hombre se debe adaptar a u entorno (siguiendo la tesis de Darwin) Ello abriría la justificación para el uso de la lobotomía, el electroshock y la terapia con drogas. El argumento es que el ser humano ha de ser condicionado para poder colaborar con otros y no convertirse en un estorbo paralela sociedad debido a su natural egoísmo. Del laboratorio de Wundt saldrían los psicólogos conductistas que llevarían esta nueva técnica sus respectivos países.



James Cattell trabajó con Wundt durante tres años y fue uno de los fundadores de los nuevos métodos de enseñnza. Otrodeellosfue Stanley Hall quien fundó el primer laboratorio de Psicología en l Universidad John Hopkin de Baltimore (Mryland, EE.UU.) y en 1889 escribió el libro Adolescentes: su psicología y sus relaciones con la fisiología, antropología, sociología, sexo, crimen, religión y educación. Y uno de sus discípulos John Dewey, quien extrapoló las opiniones de Wundt al campo de la “nueva educación”: “Alimentando de datos experimentales un cerebro joven y su sistema nervioso más que sus capacidades mentales se consigue la abdicación del rol tradicional del profesor como educador. Su lugar es remplazado por el concepto del profesor como guía en la socialización del niño llevando a cada joven a adaptarse a una conducta específica requerida de él para integrarse en el grupo”. Es decir, la Psicología se puso al servicio del estado para erradicar el alma del individuo.



El alemán Adolf Meyer fue otro de los discípulos de Wundt y Kraepelin siendo qohn Hospins fundando posteriormente junto a Stanley Hall la Asociación Americana de Psicopatología en la que se formaría a los psiquiatras militares y se desarrollarían los programas estatales de salud mental. ¿Y cómo fue posible? Pues porque para ello contaría con una valiosísima ayuda…. ¡la de los Rockefeller!



LOS ROCKEFELLER

Resulta que la hija del magnate John Rokefeller, Bessie, se casó con el psicólogo CharlsStrong formado en Psicología en Alemania y con el que el patriarca tuvo una gran amistad. Por otra parte, la tercera hija del magnate, Edith, estudiaría el Psicoanálisis con Jung durante diez años en Suiza. Todo esto explica el interés de Rockefeller en este terreno y de hecho pronto empezó a financiar universidades; como la de Chicago (medio millón de dólares de la época) y la Universidd John Hopkins…que es donde nacerían los estudios reglados de Psiquiatría. Al punto de que cuando en 1910 la Universidad de Baltiore se destruye por un incendio es Rockefeller el que ayuda a reconstruirla. Y ya se sabe que quien pone el dinero dirige el camino….



Cabe añadir que ya en 1902 se había fundado el Rockefeller Institute para la investigación médica –más tarde llamado Universidad Rockefeller –siendo su primer presidente Simon Flexner quien había estudiado -¡cómo no! en Alemania.



Y que seis años después las fundaciones Rockefeller y Carnegie se unirían para financiar un estudio sobre las academias de Medicina de Canada y Estados Unidos que se encargaría al hermano de Flexner –Abraham- con el objetivo de seleccionar entre las 155 investigadas las más aptas para recibir sus ingentes cantidades de dinero. Pues bien, el estudio de Flexner recomendó que 35 se cerraran o se fusionaran con otras. Y la razón es que en ellas se enseñaba Osteopatía, Homeopatía, Quiropráctica… En su informe éste argumentaría: “Todas ellas están llenas de charlatanes cuyos anuncios están llenos de exageraciones pretenciosas y mercenarios no cualificados. Los fiscales y el Gran Jurado son las agencias ideales para lidiar con ellos” . La causa real de esa discriminación que dejaría fuera de la Universidad y de la práctica clínica a la llamada medicina natural es que ésta entiende al ser humano de manera integral,como un ser con alma y libre albedrío y eso chocabacon sus intereses y la idea a imponer de que los hombres funcionan a base de estímulos-respuestas y, por tanto, son manipulables mediante informaciones dirigidas, drogas, condicionamiento mental, etc.



En suma, se pondrían las bases de la Medicina actual. Entre otras cosas, exigiendo a las escuelas médicas que cumplieran determinados estándares como el de incluir laboratorios de Química y Patología o tener que pasar los aspirantes unos exámenes estatales para practicarla. Teniendo que estar todas ellas convenientemente acreditadas para aceptar estudiantes y recibir fondos. Fue en suma Rockefeller, un magnate de la industria petroquímica, quien decidió qué tipo de Medicina se podía estudiar y llevar a cabo a partir de ese momento, Por supuesto, el sello lo pondrían los acólitos de las fundaciones Rokefeller y Carnegie. Así se crearía así el actual monopolio de “La medicina basada e la química”.



EL INSTITUTO TAVISTOCK Y EL CONTROL MENTAL



Pocos años después –en 1920- se crearía en Londres la mítica Clínica Tavistock para proporcionar asistencia médica a las personas sin recursos; y ya en la década de los años 30 recibió fondos de Rockefeller. Un centro que antes, durante y después de la II Guerra Mundial estaría dirigida por el Dr. John Rees quien, decidido a estar a la vanguardia de la investigación psiquiátrica de guerra, organizaría el primer congreso de especialistas de salud mental de Europa, Canadá y Estado Unidos con el objetivo de expandir su campo de acción desde lo puramente patológico a la medicina preventiva y los programas sociales; sobre todo en lo que afecta a niños, muy en la línea de lo expuesto anteriormente en Alemania. Pero como no tenían cura para ninguna enfermedad –su único “éxito” fue destruir células cerebrales mediante descargas eléctricas- decidieron que la prevención les daría la posibilidad de llegar a todo tipo de público. La conferencia de 1929 articuló los planes para las medidas preventivas.



Desde entonces la educación sexual se promovería bajo estas premisas: “El principal problema que tenemos es traducir el conocimiento sexual actual a cómo afecta en el desarrollo de la vida sexual del individuo y convertirlo en enseñanza popular”. El zoólogo Alfred Kinsey fue uno de los que recibió fondos de la Fundación Rockefeller para lograr equiparar la conducta sexual humana con la animal siguiendo las teorías freudianas de que todos los problemas psíquicos están relacionados con la represión sexual. Influido por Wundt y los conductistas, Kinsey aplicó los métodos de la Etología (psicología animal) para encontrar las bases de los impulsos sexuales pero llegó más lejos al inventarse la existencia de un tanto por ciento fijo de homosexuales seleccionando una muestra distorsionada de encuestados en la que primaban los presos por delitos sexuales. De ahí nacería la mítica cifra del 10% de homosexuales que, si recordamos, es el mismo porcentaje que los propuestos como “psicópatas” (parece que en la élite tienen una obsesión por el diezmo, seguramente por causas religiosas).



PSICOPOLÍTICA



Gracias al papel del Instituto Taavistock en la II Guerra Mundial la Psiquiatría tendría mucha influencia en el campo militar. El responsable de ello fue Bill Donovan, jefe de las OSS –el servicio de inteligencia norteamericano durante la II Guerra Mundial y preludio de la CIA- quien estudiaría técnicas de guerra psicológica en el Instituto Tavistock. Lo mismo que Adolf Hitler, en aquel entonces un oscuro cabo que recibió entrenamiento en oratoria y liderazgo en ese mismo instituto. Donovan colaboró asimismo en la experimentación con drogas e hipnosis con Oerholser, jefe de Psiquiatría del ejército estadounidense. Colaboración que cristalizaría en el infame Programa de Control Mental Mk Ultra, dirigido por psiquiatras y biofísicos alemanes emigrados a Estados Unidos tras la II Guerra Mundial. Cabe añadir que los hermanos Dulles –que participarían en la creación de la CIA- también colaboraron con los nazis en esos proyectos a través del complejo químico alemán .G.Farben.



También los clubes Cosmo y Century agruparon a muchos de los más renombrados psiquiatras de mediados del siglo XX y ayudaron a los psiquiatras alemanesa escapar de los juicios de Nürmerg a través de la ya citada Operación Paperclip mediante la cual se importaron centenares de “talentos” nazis a Estados Unidos. De hecho las técnicas de tortura empleadas en la II Guerra Mundial –que son las que se usaron recientemente en la prisión de Guantánamo y en la cárcel iraquí de Abu Ghraib- fueron obra de esos psiquiatras que durante décadas estudiaron cómo condicionar la mente de las personas hasta convertirlas en seres capaces de hacer cualquier cosa; incluso hacerse terroristas, asesinos en serie o suicidas. Pero su influencia llega más lejos: la llamada instrucción militar no es sino un método de programación mental que tiene como objetivo fabricar seres humanos carentes de emociones que acéptenlas órdenes de matar a otras personas sin que su conciencia se lo impida. A fin de cuentas se basa en lo que los psicólogos conductistas y psiquiatras idearon hace décadas: la respuesta condicionada a un estímulo por medio dela coacción al sujeto.



En suma, la relación entre los psiquiatras y los políticos ha sido constante desde que Hitler fuera formado en el Instituto Tavistock de Londres (Inglaterra). El ex Presidente norteamericano Franklin Delano Roosvel, por ejemplo, sufría de fatiga y falta de apetito por lo que tuvo siempre cerca a un psiquiatra que le trató durante años: Francis Braceland. Lo mismo que el ex Presidente John F.Kenedy quien estuvo en las manos de Max Jacobson, psiquiatra que también trató a su hermano Robert y a otras estrellas mediáticas como Elisabeth Taylor, Andy Warhol, Anthony Quinn,Truman Capote y Tennessesse Williams. Según el investigador Ronald Siegel ese psiquiatra tenía siepre a mano una jeringuilla de metanfentamina preparada para Kénedy lo que expliaría la adicción al sexo del conocido político. Y parecida relación tenía Richard Nixon con su médico particular, un doctor llamado Amold Hutschneker especializado en Psicoterapia. En un artículo publicado en 1952 el Wahington Post aseguraba que el médico tenía siempre preparadas varias pastillas para él. Y como quiera que Nixon recurría a él a menudo parece obvio que su poder como “consejero” fue notable. De hecho en 1970 Hutschneker escribía un memorándum dirigido a la Casa Blanca en el que abogaba por realizar test psicológicos masivos a niños de entre 6 y 8 años para “prevenir las reacciones de niños violentos o con tendencias homicidas”; documento que Nixon renviaría al Departamento de Salud y Educación que, tras analizarlo, se desestimaría. El psiquiatra insistiría entonces alegando que llevaba la aprobación del presidente de la nación….sin éxito. En 1971 Hutschneker presentó entonces otro “proyecto educativo” que tenía como pautas “estimular el juego en los niños, libres de criticismos y sin juicio, para que puedan actuar de acuerdo a sus impulsos, sentimientos, pensamientos, miedos y cabreos bajo la idea básica de que ellos mismos y no sus profesores serán sus propios terapeutas”. La idea era remplazar los conceptos de “bueno” y “malo” en la educación por el de “adaptación al medio” preconizado por los psicoterapeutas. En realidad estos juegos aparentemente inocentes eran pruebas para catalogar a los niños y saber cómo reducirlos. Afortunadamente el plan de Hutschneker no se llevó a cabo debido al Watergate que sacó del poder a su mentor, Richar Nixon, lo que provocó una gran desestabilización de su personalidad. La persona que escribía los discursos de Nixon, Benjamín Stein, recuerda haber visto al citado médico con jeringuillas y tranquilizantes en la habitación de al lado del presidente y confesarle que eran para él. En su libro los días finales Woodwar y Benstein –los periodistas que destaparon el caso Watergate- cuentan que Nixon caminaba por los pasillos de laCasa Blanca todas las noches ¡hablando con los cuadros de los presidentes que se encontraba! ¿sería casualidad que Hutschneker introdujera en su libro Esperanza el concepto de Psicopolítica en un intento de promocionar la psicoterapia en el ámbito de los líderes políticos? Y es que la idea era que los psiquiatras remplazaran a los sacerdotes como “asesores espirituales” de los políticos. Ladina estrategia para influir en ellos e intentar controlarlos.



Se sabe que el ex Presidente George Bush –padre- era ya en 1992 adicto a Halción, una droga que produce paranoia, alucinaciones e hiperexcitabilidad (lo que explicaría sus continuos fallos en el lenguaje) Y se piensa que la razón de que su hijo George, también presidente, perdiera varias veces durante su mandato los papeles en comparecencias públicas, podría estar en el exceso de medicamentos para la psique. A fin de cuentas la euforia de los políticos durante los mítines de las campañas electorales se debe a menudo a las drogas que consumen. Lo avala la propia literatura científica psicopolitica.



En 1955 el Instituto Norteamericano para la Salud Mental propuso que los psiquiatras se introdujesen en las escuelas Y en 1963 Kennedy firmó la Ley de los centros de salud mental que obligaba a los profesores a formarse en Higiene Mental para “detectar los problemas emocionales de los niños y ayudar a los padres a superar el miedo de buscar ayuda para ellos”.

Diez años después el psiquiatra Chester M. Pierce afirmaría en un congreso sobre educación infantil “Todos los niños norteamericanos que comienzan su escolarización a los cinco años están mentalmente enfermos porque llegan a la escuela teniendo lazos con sus padres, con sus gobernantes, con los padres de la patria, creyendo en la existencia de un Creador (…) Es vuestra labor convertir a esos niños enfermos en niños del futuro”. Sin comentarios. Ahí empezó además probablemente la usurpación por parte del estado del papel de educador de los niños que corresponde a los padres.



Para los psicoterapeutas la fase del desarrollo de la personalidad tiene que ver con las pautas de comportamiento que no se ajustan a las normas de la sociedad, del entorno. Ya en una conferencia sobre Higiene Mental organizada por el Instituto Tavistock en 1929 se propuso formalmente que los tribunales de menores se convirtieran “en laboratorios de diagnosis y prevención del crimen”. La idea era que los psiquiatras participaran en los juicios como peritos y fuera la gente del Instituto Taistock quien guiara los departamentos de infancia de las clínicas psiquiátricas.



Fue en todo caso el Caso Durham el que en 1954 cambió la relación de la Psiquiatría con la Justicia; cuando el juez David dictó una sentencia en el distrito de Columbia aceptando la “exculpación por locura” .Con lo que a partir de entonces numerosos delincuentes y criminales pasarían a ser exculpados de sus actos alegando sus abogados “locura temporal”, hoy rebautizada como enajenación mental transitoria”. Una condición que pasaría a determinar ¡los psiquiatras! Que verían así aumentar su poder e influencia. Se favorecería así la absurda psiquiatrización de la sociedad al crearse la Psiquiatría Forense. No es casualidad que desde entonces los violadores ye psicópatas dejados en libertad or los psiquiatras hayan ido continuamente en aumento en todo el mundo sobre la base de que ¡no son responsables de sus actos! Bueno, pues sepa el lector que según la Comisión Ciudadana de Derecho Humanos en España el 78% de los llamados asesinos por violencia de género ¡estaban en tratamiento psiquiátrico! ¡y la mitad de las 3000 personas que cada año se suicidan!



E psiquiatra Alfred K. Baur lo reconoce sin ambages: “El término locura se usa hoy como sinónimo de irresponsabilidad criminal El concepto de responsabilidad tiene sus raíces en la religión, la moralidad y la cultura Estoy de acuerdo con Roche cuando dice que ”Ninguna psicopatología puede calibrar la responsabilidad moral; la responsabilidad moral no es un fenómenos medible de acuerdo a criterios objetivos sino meramente un símbolo que media la actitud de un grupo sobre una conducta desviada” Y añade “otra gran dificultad en la determinación de la irresponsabiliad criminal reside en el campo de la Psiquiatría en sí mismo. Los psiquiatras tienen una tendencia dar nombres a los conceptos y luego lidiar con ellos como si fueran cosas. Y esto es verdad en la mayor parte de las categorías diagnósticas. Términos como psicosis, psiconeurosis y sociópata son esencialmente indefinibles y, si se definen, las definiciones no serán generalmente aceptadas por la simple razón de que no existen”. Como vemos, la propia locura de los loqueros ha llegado muy lejos<. Hasta acabar con los fundamentos mismos del ser humano.



LA PSIQUIATRIA SE INFILTRA EN LA RELIGION



El ya citado John Rees –fundador del Instituto Tavistock- llegó a afirmar con total descaro en un artículo titulado Plan estratégico para la salud mental lo siguiente: “Si vamos a infiltrarnos en las profesiones y actividades sociales de otros sectores reo que debemos imitar a los totalitarios y organizar algo así como quintacolumnas” Añadiendo: “Hemos atacado un gran número de profesiones. Las dos más fáciles han sido los profesores y la iglesia, los más difíciles los jueces y los médicos. Dejemos de hablar de higiene mental y hagámoslo de salud mental. Y hagámonos quintacolumnistas”. Obviamente para dinamitar lo espiritualidad y asimilarla a la locura lo primero que tuvieron que hacer fue cargarse a Jesucristo,. Burlándose de él. El psiquiatra William Hirsch, por ejemplo, llegaría a decir: Cristo tenía todos los rasgos de un perfecto paranoico” Y se quedó tan ancho. A continuación los psiquiatras decidieron modificar si más los conceptos del bien y del mal. De ello se encargaría el psiquiatra Brock Chisholm –por supuesto del Instituto Tavistock- quien propuso sustituirlo el de bien por el de “capacidad natural para disfrutar de la satisfacción de urgencias naturales”. Es decir, que lo saludable y normal es no pensar en lo que se hace ni en las consecuencias sino en dejarse llevar por los impulsos más básicos; satisfaciendo sin restricciones la violencia, el placer sexual, el poder… Y es que liberados los seres humanos de ataduras morales los psiquiatras se veían como las personas que gobernarían la especie humana. Estas declaraciones de Chisholm así lo delatan: “La psiquiatría debe decidir ahora el futuro inmediato de la especie humana Nadie más puede Esa es la primera responsabilidad de la Psiquiatría”.



Y es que estaban convencidos de que tras infiltrarse en la enseñanza y en los poderes políticos, judicial y religioso nadie podría enfrentarse a sus designios No se olvide que la Psiquiatría empezó a infiltrarse en las iglesias a través de organizaciones como la Sociedad para la psicología pastoral y médica en la que los conceptos arriba descritos se fueron introduciendo. Claro que ya en 1947 el Grupo para el progreso de la Psiquiatría convenció a la audiencia religiosa reunida en un seminario de que los objetivos de a Psiquiatría y los de la Religión eran ¡los mismos! La clave estuvo en dar más importancia a la sociedad que al individuo: Los métodos de la Psiquiatría ayudan a los pacientes a conseguir salud en sus idas emocionales par que puedan vivir en armonía con la sociedad y con sus estándares”. Añadiendo: ”Desde hace siglos la Religión y la Medicina están relacionadas. Y la Psiquiatría, como rama de la Medicina, ha estado tan relacionada con la Religión que a veces han resultado inseparables. Mientras ha ido progresando han asumido diferentes roles pero continúan compartiendo su deseo de mejorar al ser humano”



Fue así cómo desde los años 50 del pasado siglo XX la Psiquiatría fue usurpando roles a la Religión. Al punto de que en 1954 se creó la Academia de la Religión y la Salud Mental que incluí a sacerdotes –de diferentes religiones-, psiquiatras y psicólogos. Wiliam Colson uno de los psicólogos que se infiltraron, confesaría en 1993 que sus acciones adoctrinadoras provocaron el cierre de numerosos conventos de monjas y monasterios franciscanos: asegurando luego:” Provocamos una epidemia de perversiones sexuales entre el clero y los terapeutas”.



Finalizamos recordando que uno de los principales objetivos de la Psiquiatría es destruir el concepto de alma. El psicólogo Paul Pruyser, director del Departamento de la fundación Menninger, lo reconocería diciendo: “La palabra “alma” ha perdido su significo. Los hombres y los animales se pueden ya ver como una continuidad, más que como dos categorías de seres distintas. La fe, el amor y la esperanza yo no se verán más como virtudes sino como procesos empíricos en carne y sangre”

RAFAEL PALACIOS

LA CIENCIA

La Ciencia, que en su versión más pura es un interrogante ante la perplejidad, se está cuestionando una vez más el terrible poder de la palabra.




Pero la Ciencia, ese interrogante hecho de palabras, por palabras suele entender tan sólo la comunicación verbal, la que se establece mediante un diálogo de fonemas convincentemente argumentado. De manera que la ciencia suele entender que la palabra sustenta su poder en su capacidad reflexiva, en su capacidad para articular verdades basadas en convincentes deducciones.



Y si la comunicación oral reflexiva basada en sólidos, por convincentes, argumentos deductivos posee indudable poder de persuasión en quien escucha pero, ¿se basa fundamentalmente en una adecuada argumentación oral el valor de la palabra?



Ocurrió hace ya casi tres décadas. Estaba yo en Puerto Príncipe, Haití, investigando los sedimentos mágicos del rito vudú cuando habiendo establecido ya amistad con el hungan (jefe espiritual de una cofradía) Michel St. Louis, fui invitado por Odette –una hunsi (medium iniciada, esposada con un loa)- a una ceremonia nocturna secreta a celebrar en plena jungla.



He publicado ya en la revista esa ceremonia en todos sus detalles por lo que aquí tan sólo reseñaré que Odette, mestiza pálida con sangre española, de piernas ágiles y acogedoras caderas me llevó por entre la jungla hasta una cascada en la que, junto con otras médiums, se desnudó y purificó. Su piel brillaba reflejando la luz plateada de la luna. Y bailaron, serpentearon insinuantes ofreciendo sus cuerpos jóvenes y ágiles a las entidades que pronto se iban a evocar.



El lugar, junto a la cascada, era un calvero formado por un cruce de caminos. Y en el lugar un hoyo que iba a ser fosa, velas en torno al hoyo y los huntó (tañedores de tambores) bebiendo ya sus primeros tragos de ron.



Con el fin de abreviar dejo a un lado los muchos símbolos y creencias mágicas que acumuló la preparación de la ceremonia porque ésta se inició realmente cuando, en andas de sus porteadores, llegó una mujer anciana –Celline de nombre- en estado agónico. Y la mujer, auténticamente próxima a la muerte, incapaz ya de ponerse en pie, fue depositada en la fosa, momento en el que, tras un silencio expectante, el hungan agitó su sonajero mágico, momento en el que los tambores iniciaron un golpeteo lento, lúgubre .Y, por lo que sabía de la ceremonia por Odette, que ahora danzaba suavemente en torno a la fosa, comprendí que con ese sonido los tambores buscaban ponerse en fase con el ritmo del corazón de la anciana. El hungan dirigía el ritmo de los tambores con sus movimientos de brazos y sonido del sonajero Y los tambores seguían buscando, para engarfiarlo, el ritmo del corazón de la agonizante, lo encontraron y subieron el ritmo, aceleraron sus percusiones. La ceremonia se alargó, la luna se estaba ya alejando y con sus últimos fulgores, con fragor ya de tambores, la anciana salió de la fosa, se agitó, se unió a las médiums y también su pelvis golpeó furiosa el aire. Los tambores habían logrado realizar su transfusión de sonido, habían elevado el ritmo del corazón de la agonizante hasta levantarla de la losa. La ceremonia había terminado. Sé que no fue una simulación pero lo que no sé, y honestamente he de reseñar, es si la anciana volvió a caer en su agonía al dejar yo el lugar en que el sonido había sido transferido de unos tambores a un corazón próximo a extinguirse.



Si he evocado esa ceremonia llamada mágica es porque en ella se dan los auténticos elementos básicos en que se asienta el poder de la palabra: el ritmo con su cadencia musical, la vibración con su carga emocional y su capacidad de empatía, el principio de autoridad, la gestualidad, la belleza de la puesta en escena, e lalto simbolismo del lugar y del rito, los silencios repletos de palabras no articuladas pero sí intuidas y la capacidad táctil del sonido armónico.



En cuanto al ritmo ,abreviando diré que ya en 1665 el científico holandés Christiam Huygens colgó, uno junto a otro, dos relojes de péndulo. Y como esperaba, vio que los péndulos, inicialmente desincronizados, no tardaban en balancearse al mismo ritmo. Y que ese mismo ritmo lo mantenían obcecadamente con una perfección que estaba muy lejos de poder explicar cualquier ley mecánica.



Ahora sabemos ya que esa búsqueda de una mutua sincronización es una ley generalizada que opera a todos los niveles. Así, se ha atestiguado que es una demostración corriente coger dos células del corazón que latan a un ritmo distinto e irlas aproximando. Pronto se percibe que va cambiando de ritmo y, cercana ya una célula a la otra acaban por unificarlos.



Flora Davis, conocida investigadora de la comunicación no verbal, ha dado testimonio de que su colega William S. Condon le mostró un vídeo en el que “aparecía dos sujetos –hombre y mujer- conectados un electroencefalógrafo de tal manera que se podían registrar las ondas de sus ritmos cerebrales mientras hablaban Una cámara filmaba el encuentro y otra las agujas del electroencefalógrafo En la pantalla que recogía los trazos del electroencefalógrafo se veían los rasgos alineados de doce indicadores. Los seis de la derecha corresponden al hombre y los seis de la izquierda a la mujer. Y se asemejaban bastante a la estela que dejará dos patinadores sobre hielo no muy hábiles que esquiasen al compás de una música que no se oye. Todos no se movían a derecha o izquierda en el mismo instante pero en general lo hacían en forma sincronizada. También aumentaban o disminuían la velocidad en forma pareja. Era como si los indicadores hablaran entre sí”. Y algo parecido ocurre con otros ritmos fisiológicos.



Evidentemente el ritmo y la vibración, con su cadencia y tremor emocional, son el soporte del poder de la palabra. Pero añadamos a esto en una breve exposición –inevitablemente breve en un artículo- los restantes elementos que potencian la capacidad de persuasión de la palabra.



Imagina, lector, a un médico con prestigio –o sea, con la autoridad de un hungan- que te recibe hablándote con el ritmo y la cadencia de un sonido suave y emotivo, una voz que, como los tambores de Haití, buscan los decaídos latidos de tu corazón. Y añade a esto su amable pero, al tiempo, impositiva gestualidad. Y sigo añadiendo, y lo hago recordándote que si bien la ceremonia en Haití tenía su espacio escénico en un cruce de caminos, símbolo de la cruz, de lano dimensión, del único lugar desde donde se puede acceder a nuevas dimensiones cósmicas, que el médico que estoy describiendo cuenta con los símbolos muy convincentes de su espacio en la profesión: bata blanca –o no importa de qué color-, diplomas colgados en la pared, aparatos que quién sabe lo que pueden decir de nuestra salud, etc. Todo ello algo estremecedor, algo que huele a fosa y que nos lleva a sentirnos tan agonizantes como la pobre Celline.



Y ahora llega la palabra, palabra que sale tras un silencio cargado de presagios, de una boca con autoridad en un ambiente cargado de símbolos, con voz persuasiva, emotiva y estando nosotros tan temerosamente agónicos como la anciana del vudú. De ahí que esa palabra, que es sólo el ruido de una explosión verbal, tenga la fuerza de un disparo. De manera que si con su voz persuasiva ese médico en el que creemos nos dice que nos quedan tres meses de vida nadie va a impedir ya que a los tres meses –ni un día más, ni un día menos- nos muramos. Pero cierto es también que ese mismo médico, poseedor de los fundamentos en que se asienta el poder de la palabra puede darnos vida con fonemas que pongan argumento a nuestro deseo de recuperar la salud. Es el poder mágico de nuestros hungan. Lástima que en un establecimiento de la Seguridad Social nuestros hungan sólo tengan tiempo para ejercer de médicos.



JOAQUIN GRAU

lunes, 22 de octubre de 2012

SINTERGETICA: Una nueva visión de la SALUD



La salud es un proceso cultural, relacional, participativo, no sólo relacionado con la herencia y el medio ambiente, sino con nuestro estilo de vida, actitudes y creencias.



Sin la participación consciente y activa que permita a cada quien responsabilizarse de su propia salud sólo podremos quedar en el nivel de supervivir combatiendo la muerte y la enfermedad pero no podremos desarrollar el proceso de promover salud.



La enfermedad no es incompatible con la salud. Esta no es un estado de perfección en ningún campo sino un proceso dinámico y relativo que revela un grado de integridad traducido en la capacidad de relacionarse armónicamente con sigo mismo y con el mundo.



No existen sistemas médicos mejores o peores. Dadas las circunstancias adecuadas todos son necesarios y pueden ser complementarios.



Toda práctica de salud atañe la promoción de diferentes estados de conciencia en el campo de la energía concebida en sus niveles físico, emocional, mental y espiritual.



La vigencia de nuestros sistemas médicos no es sólo científica; para que cumpla su función debe ser también económica y social. Un elevado nivel tecnológico no implica siempre una mejoría en nuestros niveles de salud.



Alrededor de un 70% de las enfermedades crónicas en el mundo de hoy tienen una estrecha relación con estilos de vida inadecuados, generalmente debidos a la ignorancia de nuestras necesidades y potencialidades como seres humanos. La ignorancia de lo que somos, expresadas como creencia y prácticas nocivas para la salud están en la raíz de muchos problemas de salud. Por lo tanto, una transformación de nuestra visión del mundo, es decir de la manera como el hombre se mira a sí mismo en el universo, puede ser un poderoso agente promotor de la salud.



Además de causas las enfermedades tienen propósitos; más que catástrofes pueden ser vislumbradas como oportunidades para aprender, para crecer, para ser.



La vida no pertenece al hombre, no se restringe como creíamos a la vida orgánica, es una gran cadena de singularidades interdependientes. Es tan absurdo hoy tratar un órgano al margen de la integridad de todo el organismo humano, como pretender tratar al individuo del margen de sus sistemas de creencias y su contexto sociocultural.



La salud es un asunto demasiado importante para dejarla sólo en manos de los expertos. Es un bien social que nos atañe a todos y del que todos responsables. Lo más importante del universo es nuestra participación en él.



Mente y cuerpo no son dos instancias separadas, están en cada célula, se interrelacionan sincrónicamente para determinar en cada instante lo que somos. Ni medicina de la mente, ni medicina del cuerpo, ni siquiera medicina mente-cuerpo, humanizar la medicina es rescatar en nosotros la indisoluble integridad de todas las facetas de la conciencia para promover la integridad. En esta dimensión salud es sinónimo de integridad y la enfermedad revela aquellos sectores de nuestra economía en los que no se ha alcanzado o se ha perdido integridad.



Sanar es diferente de curar. Se puede curar el cuerpo, pero sanar siempre se refiere a la vida como totalidad. Se puede sanar la vida aunque no desaparezcan los síntomas. Sanar se refiere a despertar la responsabilidad sobre la propia vida.



La medicina de la conciencia, una medicina de la integridad no local e indivisible, supone una conciencia plena de la mutua responsabilidad. En la gran cadena de la vida en algún nivel todas las cosas se conectan e interactúan con todas las otras. Supone un salto de la ética regida por la ley del talión- ojo por ojo y diente por diente- y la ética pasiva del no hacer a otro lo que no quieres para ti- a la ética kantiana para una nueva humanidad en armonía con la gran cadena de la creación: Actúa como si tu acción pudiera convertirse en ley de la naturaleza.



La salud es un proceso social, pero un agente de salud no es aquel que resuelve los problemas globales de la sociedad. Es quien conoce que esos problemas como la guerra y la injusticia nacen en el corazón del hombre. Es quien sabe que actitudes como la honestidad, la paz, y la comprensión amorosa son también herramientas terapéuticas. Los trabajadores de la salud son agentes de transformación no tanto por sus aptitudes como por sus actitudes que dignifican la condición humana.



El agente de salud es un educador, un servidor, un maestro. Su mejor medicamento es su buena voluntad, su verdadera posición en el sistema de salud va a estar determinado por su capacidad de servir. Los servicios de salud son eso, servicios. Los servicios de atención en salud son de atención, referida a la capacidad de atender o cuidar, formas excelsas de servir. Aunque las aptitudes son importantes nadie ha inventado una ciencia del servir. En el servicio todas nuestras relaciones son sanadoras.



Las nuevas escuelas de salud integrarán y pondrán al alcance de TODA la humanidad lo mejor de todos los sistemas médicos, no sólo en el plano de las tecnologías pero sobre todo en el de esas sabidurías ancestrales que proponen un arte de vivir hacia el desarrollo armónico de la humanidad en equilibrio con la naturaleza de la que no sólo hace parte sino que es también responsable.



Promover la salud implica favorecer el desarrollo equilibrado de lo mejor del potencial humano para que este pueda revelarse en el servicio a la humanidad y la conciencia de la tierra. Es permitir al músico su música y al científico su ciencia. Es reconocer tanto valor en la actitud del místico como la del político y saber que cada quien es una nota esencial al concierto de la humanidad. Un agente de salud no cambia a nadie pero aporta los elementos para que enriqueciendo su actitud la gente de lo mejor de si



Los modelos de salud actuales se cimentan en la dependencia, e implícitamente conspiran contra la participación. Los nuevos modelos no podrán ser paternalistas, no dependerán solamente del estado, y devolverán a la persona humana la parte que le corresponde en la gestión de su salud.



La quiebra económica de los sistemas de salud no compromete solamente la economía. Representa también una quiebra de nuestra visión del mundo, del hombre y su interacción con el planeta. Acceder a una cultura que restaure la visión del hombre, reencuadre el papel del sujeto en el mundo de las objetividades, libere de los fundamentalismos impositivos y permita que los servicios de salud no sean otras mercancías de la sociedad de consumo, es uno de los sueños de una nueva ecología humana propuesta desde una cultura de la consciencia.



La apertura de la medicina a los grandes grupos humanos, una medicina del sentir en la autogestión, la de los círculos terapéuticos y los grupos de autoayuda, la de la conciencia colectiva, nos permitirá fortalecer el soporte relacional como uno de los pilares de la salud en la nueva cultura, que será también una nueva cultura de relaciones humanas basadas en la comprensión amorosa.



Jorge Carvajal



lunes, 10 de septiembre de 2012

PROPUESTAS DESDE LA SINTERGÉTICA PARA UNA NUEVA VISIÓN DE LOS SISTEMAS DE SALUD


 

 

1.      La salud es un proceso cultural, relacional, participativo, no sólo relacionado con la herencia y el medio ambiente, sino con nuestro estilo de vida, actitudes y creencias.

 

2.      Sin la participación consciente y activa, que permita a cada quien responsabilizarse de su propia salud, sólo podremos quedar en el nivel de supervivencia combatiendo la muerte y la enfermedad, pero no podremos desarrollar el proceso de promover salud.

 

3.      La enfermedad es incompatible con la salud. Esta no es un estado de perfección en ningún campo, sino un proceso dinámico y relativo que revela un grado de integridad  -conectividad armónica- que se traduce en la capacidad de relacionarse armónicamente consigo mismo y con el mundo.

 

4.       No existen sistemas médicos mejores o peores.  Dadas las circunstancias adecuadas, todo son necesarios y pueden ser complementarios.

 

5.       Toda práctica de salud atañe la promoción de diferentes estados de conciencia en el campo de  energía concebida en sus niveles físico, emocional, mental y espiritual.

 

6.        La vigencia de nuestros sistemas médicos no es sólo científica; para que cumpla su función debe ser también económica y social.  Un elevado nivel tecnológico no implica siempre una mejoría en nuestros niveles de salud.

 

7.      Alrededor de un 70% de las enfermedades crónica en el mundo de hoy tienen una estrecha relación con estilos de vida inadecuados, generalmente debido a la ignorancia de nuestras necesidades y potencialidades como seres humanos.  La ignorancia de lo que somos, expresadas como creencia y práctica nociva para la salud están en la raíz  de muchos problema de salud.  Por lo tanto, una transformación de nuestra visión del mundo, es decir de la manera como el hombre se mira a sí mismo en el universo, puede ser un poderoso agente promotor de la salud.  Esto implica que la salud concierne todo los campos del qué hacer  humano, y no se puede pretender la salud humana en un contexto de explotación del hombre y la naturaleza.

 

8.      Además de causas las enfermedades tienen propósitos; más que catástrofes pueden ser vislumbradas como oportunidades para aprender, para crecer, para ser.

 

9.      La vida no pertenece al hombre, no se restringe como creíamos a la vida orgánica, es una gran cadena de singularidades interdependientes.  Es tan absurdo hoy tratar un órgano al margen de la integridad de todo el organismo humano, como pretender tratar al individuo del margen de sus sistemas de creencias y su contexto socio cultural.

 

10.   La salud es un asunto demasiado importante para dejarla sólo en manos de los expertos. Es un bien social que nos atañe a todos y del que todos somos responsables.

 

11.   Mente y cuerpo no son dos instancias separadas, están en cada célula, se interrelacionan sincrónicamente para determinar en cada instante lo que somos.  Ni medicina de la mente, ni medicina del cuerpo, ni siquiera medicina mente-cuerpo, humanizar la medicina es rescatar en nosotros la indisoluble integridad de todas las facetas de la conciencia para promover la integridad.  En esta dimensión salud es sinónimo de integridad y la enfermedad revela aquellos sectores de nuestra economía en los que no se ha alcanzado o se ha perdido integridad.

 

12.   Sanar es diferente de curar. Se puede curar el cuerpo pero sanar siempre se refiere a la vida como totalidad.  Se puede sanar la vida aunque no desaparezcan los síntomas.  La sanción o restablecimiento de la integridad en todos lo planos del ser, se relaciona con la capacidad de asumir la responsabilidad sobre la propia vida.   

 

13.    La medicina de la conciencia, una medicina de la integridad no local e indivisible, supone una conciencia plena de la mutua responsabilidad.  En la gran cadena de la vida en algún nivel todas las cosas se conectan e interactúan con todas las otras, Supone un salto desde la ética regida por la ley del talión –ojo por ojo y diente por diente- y desde la ética pasiva del no hacer a otro lo que no se quiere para uno mismo- a la ética kantiana para una nueva humanidad en armonía con u propia naturaleza: Actuar como si nuestra acción pudiera convertirse en una ley de la naturaleza.

 

14.   La salud e un proceso social, pero un agente de salud no es aquel que resuelve los problemas globales de la sociedad. Es quien conoce que eso problemas como la guerra y la injusticia nacen en el corazón del hombre.  Es quien sabe que actitudes como la honestidad, la paz, y la comprensión amorosa son también herramientas terapéuticas.  Los trabajadores de la salud son agentes de transformación no sólo por sus aptitudes sino especialmente por sus actitudes que dignifican la condición humana.

 

15.   El agente de salud es un educador, un servidor, un maestro.  Su mejor medicamento es su buena voluntad, su verdadera posición en el sistema de salud va a estar determinado por su capacidad de servir.  Los servicios de salud son eso, servicios.  Los servicios de atención en salud son de atención, referida a la capacidad de atender o cuidar, formas excelsas de servir. Aunque las aptitudes  son importantes nadie ha inventado una ciencia del servir.  En el servicio todas nuestras relaciones son sanadoras.

 

16.   Las nuevas escuelas de salud integrarán y pondrán al alcance de TODA la humanidad lo mejor de todos los sistemas médicos, no sólo en el plano de las tecnologías sino también en el de esas sabidurías ancestrales que proponen un arte de vivir hacia el desarrollo armónico de la humanidad en equilibrio con la naturaleza, de la que no sólo hace parte sino que es también responsable.

 

17.   Promover la salud implica favorecer el desarrollo equilibrado de lo mejor del potencial humano, para que este pueda revelarse en el servicio a la humanidad y la conciencia de la tierra.  Es permitir al músico su música y al científico su ciencia.  Es reconocer tanto valor en la actitud del místico como la del político y saber que cada quien es una nota esencial al concierto de la humanidad. Un agente de salud no cambia a nadie, pero aporta los elementos para que cada quien pueda dar, en su contexto sociocultural  lo mejor de sí mismo.

 

18.   Los modelos de salud actuales se cimentan en la dependencia, e implícitamente conspiran contra la participación.  Los nuevos modelo no podrán ser paternalistas, no dependerán solamente del estado, y devolverán a la persona humana la parte que le corresponde en la gestión de su salud.

 

19.   La quiebra económica de los sistemas de salud no compromete solamente la economía.  Representa también una quiebra de nuestra visión del mundo, del hombre y su interacción con el planeta.  Acceder a un cultura que restaure la visión del hombre, reencuadre el papel del sujeto en el mundo de las objetividades, libere de los fundamentalismos impositivos y permita que los servicios de salud no sean otras mercancías de la sociedad de consumo, es uno de los sueño de una nueva ecología humana, propuesta desde una cultura de la consciencia.

 

20.   La apertura de la medicina a los grandes grupos humanos, una medicina del sentir en la autogestión, la de lo círculos terapéuticos y los grupos de autoayuda, la de la conciencia colectiva, nos permitirá fortalecer el soporte relacional como uno de los pilares de la salud en la nueva cultura, que será también una nueva cultura de relaciones humanas basadas en la comprensión amorosa.   
JORGE CARVAJAL

lunes, 13 de agosto de 2012

“El código del corazón” – Dr. Paul Pearsall

Pasamos a exponer observaciones clínicas hechas a sus pacientes trasplantados por Paul Pearsall de EE.UU., doctorado en Harvard y en la Escuela de Medicina Albert Einstein.

El Dr. Pearsall, que también recibió un trasplante, es psiconeuroinmunólogo, es decir, psicólogo que estudia la relación existente entre el cerebro, el sistema inmunitario y nuestras vivencias del mundo exterior. Tiene experiencia de más de treinta años de práctica científica en la interpretación de cómo los acontecimientos externos influyen sobre nuestra salud. Fundó y dirigió una clínica psiquiátrica en la que se trataban cientos de enfermos graves, muchos de los cuales habían sufrido trasplantes de corazón o de otros órganos. Dirigió un departamento médico, poniendo en práctica un programa de rehabilitación cardiaca para enfermos de ataques al corazón, un proyecto que estaba pensado para ayudarles mediante cambios significativos en su modo de vida y el desarrollo de unos puntos de vista más equilibrados. Era un programa al que denominaban “Cambio de corazón”. Tanto en éste como en otros puestos, tuvo ocasión de dar conferencias por todo el mundo en distintas organizaciones de trasplantes de órganos; en ellas pudo recoger docenas de relatos impresionantes que parecían demostrar la existencia de algún tipo de memoria celular y de que el corazón desempeña un papel importante en la recuperación de esa memoria.

Pearsall, escribió el libro “El código del corazón” en el que investiga y sostiene la posibilidad de que sus pacientes trasplantados de corazón recibieron las memorias celulares de sus donantes, quienes manifestaron los detalles que luego pudieron ser confirmados por los propios familiares del donante.

Las “memorias celulares” más comúnmente descritas por los trasplantados de corazón se refieren a sabores, gustos y manifestaciones personales nuevas vinculados a sus donantes, constituyendo esto la regla y no la excepción.

En sus investigaciones habló con Claire Sylvia, una trasplantada de corazón que había descrito los cambios experimentados en su vida, relacionados con la energía de su donante, en un libro escrito en colaboración con Bill Novak, titulado A Change of Heart. A pesar de las fuertes críticas personales que algunas veces recibe, persiste en su creencia de que con el trasplante de corazón ha recibido mucho más que una simple masa de células biomecánicas. Los sorprendentes y acertados sueños sobre su donante, los cambios en sus apetencias gastronómicas, su estilo de baile y muchos otros cambios ofrecen las claves de la posibilidad de una memoria celular.

ALGUNAS CONSIDERACIONES DE SUS ESTUDIOS E INVESTIGACIONES
El corazón que encontró al asesino de su cuerpo

a.- “En una conferencia a un grupo de psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales reunidos en Houston, Texas, hablé de mis ideas sobre el papel central que tiene el corazón en nuestra vida psicológica y espiritual. Al hilo de mi conferencia, una psiquiatra se acercó al micrófono, durante la sesión de preguntas y respuestas, para hablar sobre una de sus pacientes cuyas experiencias parecían apoyar mis planteamientos sobre la memoria celular y el corazón pensante. El caso le había afectado de tal modo que durante su intervención tuvo que hacer grandes esfuerzos para no romper en lágrimas.

Expresándose de forma tan emocionada que resultaba difícil, tanto para la audiencia como para mí, entender sus palabras dijo:

- Tengo una paciente, una niña de ocho años que recibió el corazón de otra de diez años que había sido asesinada. Su madre me trajo a la clínica a mi joven paciente cuando ésta empezó a tener sueños sobre el hombre que había asesinado a su donante. Me dijo que su hija sabía quién era esa persona. Después de algunas sesiones, me fue imposible negar la evidencia de lo que esta niña me estaba contando. Su madre y yo decidimos llamar a la policía, que, apoyándose en la descripción hecha por la niña, logró descubrir al asesino. Con las evidencias presentadas por mi paciente fue cosa fácil inculpar al asesino. El momento, el arma homicida, el lugar, la ropa que llevaba, lo que la niña asesinada le había dicho al asesino... (según Pearsall – todo cuanto el pequeño corazón trasplantado le había dicho a su receptora resultó ser completamente preciso).

En cuanto la terapeuta regresó a su asiento, toda la audiencia compuesta por profesionales científicamente formados y con gran experiencia clínica se quedó en un silencio total. Pude escuchar los sollozos sofocados y las lágrimas que humedecían los ojos de los médicos que se sentaban en la primera fila. En lugar de hacer comentarios sobre el relato escuchado, pregunté a mi audiencia si no les importaría que rezáramos una oración por la niña asesinada. Pedí a los técnicos de sonido que pusieran, muy suave, la música hawaiana que yo suelo utilizar para mis presentaciones, y aclaré que se trataba de lo que los indígenas llaman «pule ´ohana», una oración en honor de nuestra unión espiritual, como familia universal que somos. En contra de lo que suele suceder habitualmente en estos casos, no se produjo entre los oyentes la menor muestra de duda o de escepticismo. La posibilidad real de que existiera un corazón que pudiera recordar nos había tocado a todos en nuestros propios corazones”.(Pág. 29-30)

b.- “Dado que muchos de nosotros estuvimos hospitalizados durante casi un año, sin ver la luz del sol ni sentir la brisa suave sobre nuestros rostros, el Club Higea del Corazón fue creciendo. Pacientes, médicos y enfermeras compartían los relatos sobre receptores de trasplantes que tenían recuerdos de sus donantes”,... (Pág. 48)

c.- “Durante mi reciente visita a la Universidad de Princeton tuve ocasión de almorzar con la doctora Brenda Dunne y con el equipo de investigación del laboratorio PEAR (Programa de Investigación de las Anomalías de la Ingeniería de la Universidad de Princeton – New Jersey). Hablé con la doctora Dunne sobre lo que yo identifiqué como el efecto de un «estallido de energía sutil», que había detectado en mis enfermos trasplantados de corazón. Muchos de ellos parecían, al principio, conectar profundamente con distintos aspectos de la personalidad de su donante y, posteriormente, parecían ir perdiendo o negando ese sentido de conexión, para volverlo a recuperar más tarde si dejaban de rechazar tal conexión, o de hacerla demasiado intensa. Parecía que las memorias celulares de su donante estuvieran mejor conectadas si se las dejaba ser y no se las forzaba. Una mujer de cincuenta y dos años, trasplantada de corazón, describió este fenómeno del estallido de energía sutil. Al referirse a los documentos de los investigadores de PEAR, que habían tenido éxito en el estudio de cierta forma de conexión de energía L (la infoenergía del código del corazón, según Pearsall), dijo esta persona: «No espere que esta memoria celular vaya a ponerle los pelos de punta. Se producirá suavemente si la deja ser. Si la fuerza demasiado, no creo que llegue a producirse, y si lo hace, usted no la sentirá. Yo siento la presencia de mi donante cuando estoy simplemente sentada, y dejo que la energía fluya»”. (Pág. 86-87)

d.- “Esta «glutinosidad» o naturaleza de conexión permanente de la energía «L» es una de las exposiciones más destacadas hechas por los receptores de trasplantes. Un ejemplo de ellas lo tenemos en lo que dijo un trasplantado de veintiséis años: «Estaré unido a mi donante para siempre. No pasa un día sin que me sienta unido a él. Es como lo que sucede con aquellas personas a las que he amado. No importa en dónde se encuentren, porque tan pronto como pienso en ellas puedo sentir en mi corazón cómo ellas están conmigo»”. (Pág. 102)

e.- “Si es posible que exista la energía vital «L» y que el corazón sea su centro primordial, entonces las células pueden memorizar la infoenergía que circula por el corazón. La evidencia de esta posibilidad existe en forma de acontecimientos notables vividos por receptores de trasplantes cardiacos que han recibido con ellos las memorias de sus donantes”. (Pág. 125)

f.- “La madre de un joven trasplantado dijo: ‘Ahora mi hijo utiliza siempre la palabra “copacético”*. Antes de tener su nuevo corazón jamás la usó, pero fue la primera cosa que pudo decirme tras la operación. No sé lo que significa. Dijo que todo estaba copacético. No es una palabra que conozca en español’. La esposa del donante que estaba oyéndonos, abrió desmesuradamente los ojos y, volviéndose hacia nosotros, dijo: ‘Esa palabra era la forma que teníamos mi marido y yo de decir que todo estaba bien. Siempre que discutíamos y hacíamos las paces, ambos decíamos que todo estaba copacético’.

El tema de aquella palabra mágica que parecía revelar un código del corazón que se hallaba dentro de él estimuló al joven, que empezó a contar historia tras historia de los cambios que había experimentado tras su trasplante. Aunque su madre nos lo había descrito como un vegetariano muy consciente de su salud, él dijo que ahora suspiraba por la carne y por los alimentos grasos. Aunque en tiempos había sido un amante de la música “heavy metal”, ahora le encantaba el rock de los años cincuenta. Nos contó también sueños repetitivos de luces brillantes que venían directas hacia él. Al escucharlo la esposa del donante nos dijo que, de hecho, su marido adoraba la carne, que era un adicto a la comida rápida y que había tocado en una orquesta de rock en Motown mientras estudiaba en la facultad de medicina, y que ella por su parte también tenía los mismos sueños sobre las luces de aquella terrible noche”. (Pág. 129)

g.- “Tanto las familias como los profesionales médicos y los cuidadores temen las consecuencias de que se pueda perder o alterar la personalidad del receptor ante el impacto que constituye la implantación de un nuevo «tejido anímico» procedente de un completo extraño. La esposa de un trasplantado perteneciente al Club Higea del Corazón, decía: «Espero que no tenga el corazón de un ex asesino». Aunque trataba de bromear, confesaba posteriormente que estaba preocupada e incluso le aterraba la idea de «cómo va a comportarse ahora conmigo mi marido». Otra de mis pacientes que había recibido el corazón de un hombre joven me expresaba el temor de que su marido no quisiera hacer el amor con ella, porque pudiera «considerarse homosexual». Más tarde añadía: «Cuando ahora bailamos, mi marido dice que yo siempre trato de llevarlo a él. Debe ser mi nuevo corazón de macho que me obliga a hacer esto». Preocupaciones parecidas a las manifestadas por esta mujer hacen esencial que tanto las memorias celulares como el código del corazón sean tratados de una forma cuidadosa, respetuosa, entrañable e incluso sagrada, reconociendo de este modo el hecho de que el nuevo corazón se está uniendo a un sistema, y no solamente a un cuerpo”. (Pág. 142)

h.- “El doctor Benjamin Bunzel, del Departamento de Cirugía del Hospital Universitario de Viena, ha estudiado el impacto producido por el trasplante de corazón en la personalidad de sus receptores. Confirmando lo dicho anteriormente por médicos e investigadores, escribe: «Los trasplantes de corazón no son simplemente el reemplazo de un órgano que ya no funciona. Con frecuencia se ve al corazón como el origen del amor, de las emociones y el centro de la personalidad».11 Él ha investigado cuarenta y siete casos de personas trasplantadas. Sus datos se acercan a los hallazgos que yo realicé en un grupo reducido, pero consistente y singular, de cardiosensibles.

El doctor Bunzel informa que el 15 por 100 de la muestra afirmó que su personalidad había cambiado debido a lo que significó una experiencia tan extrema como era un trasplante de corazón, pero no achacaban ese cambio a su donante. El 6 por 100, o sea, tres pacientes, dijeron que el cambio en su personalidad se debía a sus nuevos corazones. Añadieron que se vieron obligados a cambiar sus reacciones y sentimientos anteriores para acomodarlos a los que creían que eran las memorias celulares de sus donantes. El 79 por 100 dijo que su personalidad no había cambiado en absoluto tras la operación.

Al igual de lo que yo había investigado, el doctor Bunzel anota que estos pacientes que no experimentaron cambios emplearon una serie de fuertes mecanismos defensivos y, a menudo, mostraron una postura agresiva ante la pregunta de que pudieran recibir algún tipo de energía de sus donantes. Calificaron esas cuestiones de «completas tonterías», y ridiculizaron la idea de que sus donantes pudieran influir en su vida”. (Pág. 142-143)

i.- “Nuestro sentido del olfato es el más antiguo de todos, seguido por el sentido del gusto. Si nuestros antepasados no hubieran podido oler un predador o conocer el sabor de un posible veneno, no estaríamos aquí ahora. Es posible que debido a lo antiguos, básicos y fundamentales que son para la humanidad estos sentidos del olfato y del gusto, las memorias a este nivel sean las que mejor aceptan los trasplantados de corazón de sus donantes.

No he encontrado que mis pacientes trasplantados de corazón experimentaran en realidad un cambio en su «sentido» del olfato o del gusto. Lo que sí manifiestan son cambios en el aroma (interpretación del olor) y del sabor (significado que otorgamos a nuestros sentidos del gusto). Las memorias son mucho más que reacciones y estimulaciones de las células cerebrales de nuestros cinco sentidos básicos. Son la forma en que nuestro corazón siente, interpreta, comprende y experimenta nuestro mundo. Todo cuanto hemos gustado, olido, tocado, oído o visto vuelve a circular dentro de nosotros como infoenergía gracias al corazón, y las mismas células cardiacas recogen memorias energéticas de esos acontecimientos. Así pues, no resulta sorprendente que, al menos a algún nivel, con el nuevo corazón llegue también una nueva serie de memorias.

Veamos un ejemplo de «memoria celular del gusto» de uno de los pacientes cardiosensibles. «Es realmente extraño, pero cuando estoy haciendo la limpieza en casa o me siento a leer, de repente me viene a la boca un sabor inusual. Resulta difícil de describir, pero es muy específico. Puedo saborear algo y, de repente, empiezo a pensar en mi donante, sea quien fuere, y en cómo viviría. Después de un rato, ese sabor desaparece y también los pensamientos, pero el sabor siempre es el primero en llegar»”. (Pág. 179-180-181)

j.- “Los pacientes trasplantados de corazón del tipo cardio insensibles que se muestran reticentes a considerar la posibilidad de memorias celulares, a menudo hablan de memorias de sus donantes en forma de vislumbres «icónicos», en asociaciones involuntarias y espontáneas con ellos”. (Pág. 184)

k.- “Los trasplantados de corazón menos cardiosensibles suelen mencionar esos momentos cuánticos de asociación con sus donantes en forma de lo que ellos consideran imágenes inexplicables, ensoñaciones durante la vigilia y pensamientos y fantasías novedosas que con frecuencia les distraen durante unos momentos”. (Pág. 185)

l.- “Otra dificultad que surge con la memoria a largo plazo es que en el mismo acto de intentar recordar un suceso (atormentando al propio «cerebro») puede deformar la percepción de su experiencia, tanto como sucedió como si no sucedió realmente. Es posible que, al pedirle a un paciente que sintonice con las memorias celulares de su donante, cree una serie de memorias falsas. Aunque no siempre es posible hacerlo así, en el caso de mis pacientes trasplantados de corazón que recibieron las memorias celulares de sus donantes, los detalles que manifestaron pudieron ser confirmados por los propios familiares del donante”. (Pág. 186)

ll.- “Cuando hablé de las memorias celulares de los donantes, que parecían estar mencionadas en los informes de antiguos receptores de trasplantes, y de que su temperamento y personalidad parecían haberse alterado en correlación general con los de sus donantes, mis escasos informes iniciales fueron relegados al acostumbrado vertedero científico de hechos inexplicables: la casualidad”. (Pág. 204)

m.- “Un niño de ocho años que había recibido un corazón describió la naturaleza de la cardiosensibilidad y la cardiocontemplación como un «caer en», en lugar de un «alcanzar».

– Puedo sentir al otro niño dentro de mí –dijo el niño en cuestión–. No me pasaba eso al principio, pero cuando mi inmunidad quedó restablecida y finalmente me volvieron a dejar jugar con Pierre (el perro de raza poodle francés, de la familia), comencé a llamarlo King. No sé por qué. Puede que el nombre de mi donante haya sido King. De cualquier forma, ahora puedo sentir al otro niño dentro de mí. Es como cuando uno no sabe que se ha golpeado la rodilla y más tarde, al sentarse a ver televisión o algo así, se descubre la herida y comienza a sentirla y ya no se puede olvidar más de ella. Incluso cuando se va curando o se cae la costra, la pierna recuerda siempre dónde tenía la herida”. (Pág. 239)

A fin de ilustrar la naturaleza de las conexiones energéticas, experimentadas por los receptores de trasplantes (según Pearsall), describe algunas de las 140 recogidas en cintas magnetofónicas.

1.- “Mujer de treinta y cinco años trasplantada de corazón (la donante fue una joven prostituta de veinticuatro años muerta en una reyerta a puñaladas).

‘Yo nunca estuve interesada en el sexo. Ni siquiera pensé mucho en eso. No me entienda mal, mi esposo y yo tuvimos una vida sexual normal, pero eso no era importante en nuestras vidas. Ahora agoto a mi marido. Deseo hacer el amor todas las noches y, a veces, me masturbo dos o tres veces al día. Antes odiaba los videos X, pero ahora los adoro. Me siento como una mujerzuela y, en ocasiones, cuando estoy de buen humor, realizo un striptease para mi marido. Jamás había hecho algo parecido antes de mi operación. Cuando le comenté todo esto a mi psiquiatra, me dijo que era una reacción a la medicación y porque ahora tengo un cuerpo más sano. Posteriormente he descubierto que mi donante trabajaba en un topless y actuaba como profesional a domicilio. Creo que he adoptado su orientación sexual, y mi marido también lo piensa así. Me dice que no soy la mujer con la que él se casó, pero que no le importa estar casado conmigo de nuevo’.

Marido de la receptora. ‘No es que lo sienta, entiéndame, pero creo que lo que tengo ahora es una gatita sexual. No es que lo hagamos más, pero ella siempre está deseando que hablemos de sexo y quiere ver una serie de videos de tipo erótico que antes jamás veíamos ni hablábamos. Utiliza palabras que jamás empleaba antes, pero eso también está haciendo que yo cambie, así que no me quejo. Nuestra peor discusión se produjo unos meses después de su operación y bastante antes de que ella se enterase de quién era su donante. Yo estaba bromeando, y en un momento apasionado le dije que tenía el corazón de una puta. Estuvimos sin hablarnos durante semanas’”. (Pág. 147-148)

2.- “Mujer de cuarenta y siete años, trasplantada de corazón (el donante fue un chico gay de veintitrés años que fue tiroteado durante un atraco y murió posteriormente de las heridas recibidas en la parte inferior de la espalda).

‘Durante tres años no le he hablado a nadie de esto. Todavía me fastidiaba hacerlo. Me entrevisté con la familia del donante y me dijeron que su hijo era un artista muy brillante y que era gay. Ahora me pregunto, cuando veo a mi marido, si lo miro como una mujer acostumbraría a hacerlo o si lo estoy mirando como lo miraría un joven gay. Me alegro de poder estar hablando de esto con usted. Y todavía quiero decirle una cosa más. Su madre me dijo que le habían disparado en la espalda. Después de mi operación, he tenido dolores en la parte baja de la espalda, pero supuse que era debido a la operación pasada’.

Marido de la receptora. ‘Me sorprendió mucho cuando una de las primeras cosas que me preguntó, cuando empezamos a hacer el amor después de la operación, fue si yo había tenido alguna vez pensamientos homosexuales. Ha cambiado totalmente su forma de vestirse. Ahora lleva ropa muy femenina y ajustada, cuando antes se vestía con ropa unisexo. A veces, por la noche se despierta repentinamente sollozando. Me preocupaba que pudiera tener un ataque cardiaco, pero ella se señala la espalda y dice que es como si le hubieran disparado en la mitad de la espalda’”. (Pág. 148-149)

3.- “Varón de cuarenta y un años trasplantado de corazón (recibió el corazón de una chica de diecinueve años, muerta al ser arrollado su coche por un tren).

‘La sentí cuando me desperté. ¿Sabe usted lo diferente que se siente todo tras una tormenta o un aguacero torrencial? ¿Sabe cómo es ese sentimiento que se percibe en la atmósfera? Pues eso fue lo que yo sentí. Era como si en mi interior se hubiera producido una tormenta o como si me hubiera golpeado un rayo. Hay una nueva energía en mí. Me siento como si tuviera diecinueve años de nuevo. Estoy convencido de que tengo el corazón de un joven, porque algunas veces puedo sentir una fuerza interior que nunca tuve antes. Creo que tal vez se trate de un antiguo conductor de camiones, o algo parecido, que posiblemente murió atropellado por un camión de cemento o algo así. Noto dentro de mí esa gran fuerza y esa sensación de velocidad’.

Esposa del receptor: ‘Se ha convertido en un niño. Antes tenía que luchar para poder respirar y carecía de la menor resistencia. Pero ahora parece un muchacho. El trasplante lo transformó por completo. Habla todo el tiempo del poder y de la energía. Dice que tiene sueños en los que se ve conduciendo un gran camión o una gran máquina de vapor. Seguramente su donante era conductor de un gran camión que chocó con otro más grande’”. (Pág. 146)

4.- “Mujer de treinta y dos años trasplantada de corazón y pulmón (recibió el corazón y los pulmones de una chica de veinte años, asesinada mientras iba por la calle a mostrarle a su novio una fotografía de su futuro traje de novia).

‘Al principio ni siquiera quería pensar en ello. No quería pensar que otra persona había tenido mi corazón antes que yo. Sabía que era así, naturalmente, pero prefería pensar que a mi nuevo corazón lo habían fabricado en alguna parte y me lo habían entregado. Me volvía loca cuando la gente me preguntaba qué sentía llevando en el pecho el corazón de otra persona. Había oído a otros trasplantados que era una estupidez hablar de esas cosas, pero no podía evitarlo. Casi todas las noches tenía este sueño sobre ella. Sé que ella era joven, bonita y feliz. De alguna manera siempre he sido un tipo de persona así, pero, de todos modos, nunca había experimentado antes esta nueva felicidad. Es extraño, porque algunas veces sigo sintiendo miedo de que pueda morir, de que el nuevo corazón me falle. En cierto modo ahora tengo más razones para sentir miedo que antes cuando estaba enferma, porque se me ha concedido este gran don de alguien que ha perdido su vida. A ella le debo el seguir viviendo. Siento como si, allá en lo más profundo de mí, se mantuviese viva una pequeña alegría. La medicación me hace sentir a veces depresiva y de mal humor, pero en mi interior, sigo sintiendo esa felicidad extraña, esa excitación y alegría que no logro explicar con palabras. Quisiera ir por ahí diciéndoselo a todo el mundo, pero me temo que pensarían que estoy completamente chiflada’.

Hermana de la receptora: ‘Lo único que hemos apreciado todos en ella es que ahora sonríe mucho más. Siempre fue una persona ceñuda, pero ahora ríe y se sonríe incluso cuando menos lo esperamos. Tal vez sea porque tiene un nuevo hálito de vida, pero no podemos saberlo. Es feliz y parece tener un corazón muy cálido’”. (Pág. 146-147)

5.- “Varón de cuarenta y dos años trasplantado de corazón (su donante fue un muchacho de diecisiete años atropellado por un conductor que dio a la fuga).

‘Hace dos años que he tenido el trasplante. Todavía me siento triste por mi viejo corazón. Algunas veces, cuando menos lo espero, me acuerdo de él. Me sirvió bien y murió aunque yo he podido seguir viviendo. En ocasiones desearía volverlo a ver aunque sólo fuera por una vez; me pregunto qué habrá sido de él, pero detesto pensar mucho tiempo en eso. Es algo muy duro. Nunca llegaré a entenderlo. Antes de tener mi nuevo corazón adoraba la música clásica. Ahora, me pongo los cascos, subo el volumen del estéreo y escucho música de rock. Mi hija dice que desde que tengo mi nuevo corazón he regresado a la adolescencia y que actúo como un chico de dieciséis años’.

Hija del receptor: ‘A veces resulta verdaderamente embarazoso, cuando mis amigos me preguntan si mi padre ha vuelto a la segunda infancia. Se ha aficionado a escuchar música muy alta, y mi madre dice que él ha dado salida al niño que había en su interior’”. (Pág. 148)

EL ÁNGEL EN NUESTRO PECHO

“Charles Siebert es un escritor médico que ha publicado, de forma sensible, precisa y científica, muchos artículos sobre distintos temas de salud. Cuando estaba preparando una historia sobre la experiencia vivida por una mujer trasplantada de corazón, que iba a publicar en el New York Times Magazine, tuvo la oportunidad de asistir a la fiesta del Día de San Valentín que daban más de un centenar de enfermos trasplantados de corazón. Prácticamente todos los receptores hablaron de “recuerdos espirituales”, o de haber sentido la energía de sus donantes. Siebert escribe: “Todas las personas con las que me entrevisté en la fiesta hablaban con el mismo tono reverente sobre el ángel que albergaban en el pecho, sobre ese regalo y esa responsabilidad que ahora tenían, y de las oraciones que le dirigían a esa otra persona que tenían en su interior”.

A diferencia de los receptores de otro tipo de órganos, todos los trasplantados de corazón a los que entrevisté, ya fueran cardiosensibles o no y sin que importara el número de años pasados desde su operación, seguían hablando de alguna manera con sus nuevos corazones y manifestaban un cierto tipo de vinculación con sus donantes. Una de las pacientes mencionadas por Siebert, una enferma de cincuenta y tres años, decía de su donante, un año después del trasplante: «Estuve hablando con ella la noche después de mi operación. Le dije: “Espero que no seas sonámbula”». El recuerdo de sus donantes se encuentra presente en todos los que reciben el más preciado de los regalos, y de su ejemplo y experiencia todos podemos aprender a recuperar nuestras propias formas de memoria celular de los muchos donantes energéticos que han tenido lugar en nuestras vidas”. (Pág. 187-188)

C. Siebert, “Carol Palumbo Waits for Her Heart”, New York Times Magazine, 13 de abril de 1997, p. 41.

OTRAS POSIBLES FUENTES DE NUESTRAS MEMORIAS CELULARES

(Según Pearsall)

“Teoría del espíritu impreparado. He entrevistado a cuatro «sanadores» que se calificaban a sí mismos de «médiums espirituales» o «canalizadores». Dicen ellos que la conexión energética que yo menciono existente entre el corazón del receptor y su donante se debe a la presencia del espíritu del donante que todavía no se ha ido a «otro plano» o «infinitud». Aseguran que es posible que, teniendo en cuenta que los corazones donados proceden de cuerpos jóvenes que han sufrido un terrible e inesperado fin de sus vidas físicas, sus espíritus todavía no se encuentran preparados para «moverse» y, por tanto, continúan expresándose a través del corazón de sus receptores”. (Pág. 190)

“Teoría del corazón sorprendido. Como una prolongación de la teoría del «espíritu impreparado», otros dos «médiums espirituales» a los que entrevisté me expusieron una nueva explicación de la memoria celular. Decían que, debido a lo imprevisto de la muerte de la mayoría de los donantes, el espíritu de éstos no se había percatado de que su cuerpo ya se encontraba sin vida. El corazón trasplantado seguía actuando como si se hallase en su cuerpo anterior, sin darse cuenta de que ya no existía ese cuerpo”. (Pág. 190)

“Teoría. Durante una reunión de «sanadores psíquicos», hablé con tres de los presentes que me dijeron que mis ideas sobre la cardioenergética estaban equivocadas. Ellos creían que lo que yo había oído de mis pacientes cardiotrasplantados era una simple evidencia de que se había establecido alguna forma de conexión entre las almas de los vivos y de los muertos y que el receptor era el vehículo del alma viajera del donante que reaparecía en el receptor”. (Pág. 191)

“Teoría psicométrica. Durante mis reuniones con sanadores psíquicos se me dijo que los objetos físicos pueden absorber la energía de las personas que han estado cerca de ellos. Algunos «psíquicos» indicaron que el corazón del donante es un «objeto» que está imbuido de la energía psíquica del donante, mucho más de lo que lo puede estar una sortija o cualquier otro objeto que pudiera llevar la energía de su propietario. El biólogo Lyall Watson indica que estos elementos físicos con los que estamos en contacto íntimo pueden haber recibido nuestras impresiones emocionales y guardar nuestros pensamientos y sentimientos. Si las plantas y los objetos inanimados pueden conservar nuestros pensamientos y sentimientos, es posible también que los órganos de nuestro cuerpo, que están mucho más íntimamente unidos a nosotros, puedan contener nuestras impresiones emocionales.

Las explicaciones anteriores de la recuperación de la infoenergía almacenada en las memorias celulares por el corazón trasplantado del receptor (y por otros órganos en menor grado) no excluyen la hipótesis ofrecida por los doctores Linda Russek y Gary Schwartz sobre la Memoria Sistémica que, según indiqué, explica mucho mejor la naturaleza de las memorias celulares y la existencia de un código del corazón que ayuda a construirlas. Yo creo que cada una de las explicaciones antes mencionadas tienen su propio mérito y validez y que, como aquel ciego que tocaba un elefante, los que proponen cada una de ellas están en contacto con diversos aspectos del mismo fenómeno de energía sutil”. (Pág. 191-192-193)

Además menciona Pearsall: La teoría del “pequeño cerebro del corazón”.- La teoría de los Neuropéptidos.- La teoría del campo magnético.- Teoría electrofisiológica.- Teoría de la bellota.- Teoría de la “Manifestación de la conciencia no local”.- Teoría del “Recuerdo del umbral rebasado”.- Teoría de la resonancia mórfica.- Teoría del Hospital Grapevine.

CONCLUSIÓN
ANÁLISIS DESDE LA FILOSOFÍA
A nuestro criterio, no son los órganos trasplantados los que tienen memoria celular, como se sostiene, que luego manifiesta el receptor en forma de ideas, gustos, tendencias o inclinaciones del donante.

Para este estudio particular debemos tener en cuenta lo siguiente: EL HOMBRE ES UN SER ESENCIAL, ALMA O ESPÍRITU CON UN CUERPO FÍSICO.

CUERPO
ALMA + + CUERPO = HOMBRE (GÉNERO HUMANO)
FLUÍDICO

Nosotros (hombre), somos un alma, espíritu o ser esencial, tenemos un cuerpo fluídico semimaterial más el cuerpo físico. Durante la vida del cuerpo, el cuerpo fluídico semimaterial está unido al cuerpo físico material, molécula a molécula, y hace de vehículo del pensamiento entre el alma y el cuerpo, teniendo por hilos conductores los nervios (para enviar los mensajes bioquímicos-neurotransmisores a las diferentes partes del organismo que actúan bajo el impulso de la voluntad).Los seres (alma, espíritu o ser esencial) cuyos cuerpos han muerto (donantes), en algunos casos pueden sentirse atraídos por una misma forma de pensar, sentir y actuar con el receptor del órgano trasplantado, al que se asimilan, confundiéndose los dos pensamientos, las dos voluntades y los dos cuerpos fluídicos (del receptor con cuerpo y del donante sin cuerpo), de forma tal que el donante (alma o espíritu) se vale del cuerpo del receptor (hombre), manifestando sus ideas, gustos, inclinaciones, y tendencias que tenía antes de su desencarnación (muerte).



Mientras las células de los órganos a transplantar estén vivas existe la unión de alma y cuerpo que está establecida por el cuerpo fluídico. Por lo tanto el ser (donante), como alma o espíritu, debe sufrir intensamente cuando le ablacionan sus órganos, ya que está unido a su cuerpo físico (cuyas células están vivas), molécula a molécula y es probable que siga al o a los órganos que están impregnados de su fluido vital (cuerpo fluídico) en el cuerpo del receptor, hasta que el órgano trasplantado sea impregnado por el fluido vital del receptor, lo que no significa que el donante como alma o espíritu se retire, sino que se asimila con el receptor para actuar conjuntamente con él.

Con la ablación de los órganos, cuando la persona (donante) se encuentra con muerte cerebral, se altera el NATURAL desprendimiento del alma o espíritu del cuerpo físico del donante, que se produce a raíz de la muerte de todas las células.

Como quiera que sea, ya por el accidente que le causó la muerte cerebral o por ablación de sus órganos, su muerte es violenta, lo que lleva a ese ser espiritual que dejó su cuerpo, a permanecer mucho tiempo en estado de turbación, tal vez años, en los que quizás no se dé cuenta de su estado, creyendo seguir viviendo con los mismos pensamientos, las mismas preocupaciones, los mismos sufrimientos pero sin el cuerpo de la tierra, figurándose las normales ocupaciones, y al unirse a las personas (receptores) puede causar influencia física y mental como las mencionadas en los casos: de a a m y de 1 a 5, del resumen que realizamos sobre el libro “El código del corazón” del Dr. Paul Pearsall.

El hombre como alma, ser esencial, espíritu con cuerpo (en este caso particular receptor de órganos), transmite a su cuerpo físico la impresión de sus pensamientos; demostrado esto en el estudio que la medicina ha hecho sobre el Estrés.

La explicación de cómo el donante influye sobre el receptor (por haberse unido a éste) se verifica en cuanto a cambio de ideas, gustos, inclinaciones que este último (receptor) adquiere del donante.

Esta influencia puede ser física y mental. Obsérvese el cambio de ideas, gustos y tendencias del receptor en la parte mental (caso 1) e influencia física (caso 2) porque pueden transmitirnos hasta las mismas dolencias que tenían antes de su muerte (desencarnación), o que tal vez fueron la causa de la misma.

De todas maneras para que se produzca la manifestación de la influencia física (caso 2), debe haber primero influencia mental, porque esta dolencia que transmite al receptor debe estar en el pensamiento del donante cuyo cuerpo ha muerto, pero que como alma o espíritu sigue viviendo.

En el caso (1) que mencionamos como influencia mental, el donante (alma o espíritu que murió su cuerpo) influye sobre el receptor haciéndolo pensar y obrar por él, le obliga a cometer actos extravagantes, a pesar suyo se convierte en un ciego instrumento de sus gustos e inclinaciones sexuales.

Es de observar que el receptor tiene conciencia que lo que hace es ridículo, pero está forzado a hacerlo como si un ser más poderoso lo obligara a obrar contra su voluntad.

Según lo manifestado por el Dr. Pearsall, muchos de los receptores de trasplantes de órganos que al principio se conectaban con distintos aspectos de la personalidad de su donante, posteriormente parecían ir perdiendo o negando ese sentido de conexión, para volverlo a recuperar más tarde si dejaban de rechazar tal conexión, o de hacerla demasiado intensa.

Esto se debe a que el receptor cede su voluntad al donante (alma o espíritu libre) y éste se manifiesta a través del cuerpo del receptor. Esta influencia nunca se ejerce sin participación de quien lo sufre, ya por debilidad o deseo.

Es de observar también que cuando el receptor rechaza firmemente recibir algún tipo de energía de su donante, es decir no cede su voluntad, esta influencia no se manifiesta, lo que no significa que no se produzca de algún modo.

En muchos países, se ha establecido la muerte encefálica o cerebral, como muerte de la persona, lo que significa que el paciente (donante) que se encuentra en ese estado está LEGALMENTE MUERTO, PERO NO REALMENTE MUERTO.

La condición necesaria para que los órganos principales: corazón, pulmón, riñones, etc., a ser transplantados sean de utilidad, requiere que el donante se encuentre con muerte cerebral, lo que significa la muerte de las células cerebrales por lo cual el donante no se puede manifestar, pero el resto del organismo continúa con vida, aún sostenida por medios mecánicos (situación que en algunos casos ha perdurado varios meses o años). El cadáver con muerte cerebral se puede enfermar, tener hijos. En Inglaterra y otros países, es anestesiado para que no sienta dolor cuando le extraen los órganos y al final muere de paro cardiorespiratorio o por ablación de sus órganos.

En síntesis, esta muerte cerebral, inventada, que justifican por razones utilitarias, permite extraer los órganos a las personas que tienen vida.

La influencia de los espíritus sobre los hombres, no es invento, ni concepción del autor de este trabajo. Estos hechos se encuentran en el Antiguo y Nuevo Testamento. Ver ejemplo: San Mateo 17, 14 a 18 (Influencia del demonio – del griego DAIMON que significa: espíritu, ser extra corpóreo).

Surge de la experiencia y es de conocimiento de los profesionales vinculados a los trasplantes en E.E.U.U., que los receptores y futuros receptores de órganos muestren cierto miedo ante el hecho que se vieran obligados a asumir las características de los donantes muertos, como por ejemplo los comportamientos que adoptara el cuerpo, por las preferencias y orientaciones sexuales, incluso si se volviera promiscuo y perdiera por completo su orientación sexual.

Además es que, procediendo la mayoría de órganos (corazones) de personas que encontraron una muerte repentina, incluso violenta, tengan que albergar espíritus de esos sujetos, que no estaban preparados para abandonar tan repentinamente el cuerpo. Otra preocupación lo constituye la adquisición de nuevos sentimientos religiosos y creencias, que sean tal vez totalmente opuestas a las convicciones que ellos mantuvieron durante toda la vida. (Pág. 140-141- “El código del corazón”)

La Academia Filosófica de La Plata, no está en contra de los trasplantes de órganos, ni de las personas que lo necesitan para prolongar o mejorar su calidad de vida, pero se pregunta: ¿cuál es el criterio moral que se sigue para determinar que una vida vale más que otra, tanto la del donante agónico, como la del receptor tal vez también agónico?

La vida es valiosa, aunque sea precaria y debe ser respetada hasta la muerte natural, que significa la cesación definitiva de las funciones vitales orgánicas.

Las investigaciones realizadas por los profesionales vinculados a los trasplantes, demuestran que para la obra de bien que se quiere realizar, se puede también causar mucho daño. Recordamos lo que sostenía el filósofo griego Sócrates (400 a.C.) es PORQUE SE TOMA EL CUERPO SIN EL ALMA.

El hombre es algo más que su cuerpo, es un alma con cuerpo y en este caso particular de los trasplantados se producen hechos que escapan a la ciencia del plano físico. Estos pertenecen al plano espiritual que la realidad demuestra y se verifican a través de las observaciones realizadas por los profesionales médicos.

La muerte cerebral ha sido cuestionada internacionalmente, entre los cuales podemos citar:

“El grave problema que se presenta en el caso de la donación de órganos está relacionado con la condición del donante que, con el fin de obtener los órganos en condiciones de utilidad para el implante, requiere que el paciente esté vivo, por lo que se ha instaurado la condición de “muerte cerebral”, declarando un status de muerto al que realmente no lo está y que, finalmente, alcanza la muerte a causa de la extracción de los órganos que le son vitales para sostenerla. Esto constituye nada menos que un asesinato”.

The Facts of Life de Brien Clowes. Publicado por Human Life International. EE.UU.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS ACTOS

Procurar la muerte de un ser humano en forma anticipada en cualquier fase de su existencia, desde la concepción hasta la muerte natural, constituye un homicidio.
El Papa Juan Pablo II, el 25/12/00 y 30/01/01 instó a defender la vida en cualquier fase de su existencia: Desde la concepción hasta la muerte natural. Igual consideración expresó el Papa Benedicto XVI en el Vaticano, el 10/02/07.
Cuando se ha detenido el corazón (muerte natural) ningún órgano principal sirve para trasplantes, salvo tejidos.
Siendo el cuerpo la envoltura del alma e instrumento temporal de progreso, defender el derecho a la vida del hombre (alma con cuerpo físico) es un deber ineludible que nos compete a todos los seres humanos.
En estas consideraciones quedan comprendidas, entre otras: la ablación de órganos para trasplantes con muerte cerebral, la práctica de eutanasia, el aborto (químico, mecánico, quirúrgico), la manipulación genética, sea clonación de embriones con fines terapéuticos o reproductivos, de cuya selección se determina quien debe vivir o morir, etc.
El embrión implantado o no, es un ser humano (alma con cuerpo físico), cuya vida debe ser respetada.
El hombre lleva la ineludible responsabilidad de sus actos y pensamientos, por los que deberá dar rigurosa cuenta y compensar su erróneo proceder, sea en la presente existencia, en el mundo esencial o espiritual cuando deje su cuerpo físico, o bien en una nueva existencia corporal.
ACADEMIA FILOSÓFICA DE LA PLATA
________________________________

ACADEMIA FILOSOFICA DE LA PLATA
Calle 6 N° 1684 – La Plata – Bs. As. – Argentina
Tel. ++ 54 221 483-9425
E-Mail: acadfilo@netverk.com.ar
Http://www.acadfilosofica-lp.org.ar

* Copacético significa que una cosa está bien, que es perfecta y correcta, en lenguaje coloquial inglés.
11 B. Bunzel, “Does Changing the Heart Mean Changing the Personality?”, pp. 251-256.

GLOSARIO
BIOENERGÉTICA: Rama de la biología que trata con la energía generada dentro y desde sistemas vivientes.

CARDIOCONTEMPLACIÓN: Técnica para atraer la atención del cerebro hacia su corazón. Involucra el permanecer inmóviles, quietos y permitir (no tratar de hacer) que ocurra la respuesta de resonancia. Es una derivación de la «Técnica del Cuadro Congelado» desarrollada por investigadores del Instituto de HeartMath, en California, mediante la que se «congelan» las situaciones o las escenas de estrés para poderlas considerar desde una perspectiva más calmada y centrada en el corazón. La cardiocontemplación, no obstante, es menos una «consideración» que una total conciencia de las experiencias en el centro del cuerpo.

CARDIOENERGÉTICA: Campo que combina los hallazgos de la cardiología, la psicología cardiaca, la cardiología energética, la neurocardiología, la psiconeuroinmunología y los principios básicos de la física cuántica, con la idea de que la energía y la información son intercambiables y de que esta infoenergía es transportada y comunicada primariamente por el corazón.

CARDIOSENSIBLE: Una sensibilidad al código del corazón; es decir, a la energía sutil «L». Sobre la base de las entrevistas llevadas a cabo en 73 receptores de trasplantes de corazón y 67 receptores de otros tejidos, y en entrevistas realizadas a pacientes de trasplantes por otros investigadores, parecen existir 17 características en las personas cardiosensibles, es decir, en los que son capaces de recuperar alguna forma de memoria celular de su donante. Estas personas pueden servir como modelos para cualquier persona que desee aprender a leer mejor el código del corazón.

CLUB HIGEA DEL CORAZÓN: Denominado así en honor de la diosa griega del amor vital y de la fuerza sanadora, contrapunto de su padre Esculapio, el dios griego más falto de corazón, que trató de curar el cuerpo humano encadenándolo a su mera función mecánica.

CÓDIGO DEL CORAZÓN: Son las señales infoenergéticas sutiles (energía «L») que contienen memorias codificadas de las células y el corazón de cada persona, y de las células y corazones de todas las personas.

ENERGÍA “L”: La infoenergía del código del corazón, es la «quinta fuerza» y, aunque las trasciende por su naturaleza no localizada, está relacionada con las cuatro fuerzas energéticas conocidas de gravedad, electromagnetismo, energía nuclear fuerte y energía nuclear débil. Como todas las cosas en el cosmos, posee un lado «claro» (positivo) y un lado «oscuro» (negativo). La «estabilidad» cardioenergética es una «inestabilidad» creativa que equilibra ambos lados de la energía «L».

FENÓMENO DE ESPRINT PSÍQUICO: Como se muestra en el programa PEAR, la conexión de energía «L» (la conexión con el código del corazón) parece ser repentina, y luego disminuir para volver a reasumir su profunda, aunque muy sutil, influencia inicial. La curva en forma de U de esa experiencia es similar a la conexión cardiosensible entre receptores de trasplante cardiaco y sus donantes. El que se reanude la conexión de energía «L» parece depender de la capacidad de estar «amando», serenamente egoístas y conectados lo suficiente como para permitir al corazón entrar en resonancia infoenergética con los ritmos naturales del mundo exterior.

FENÓMENO DEL RECHAZO: Cuando se trasplanta tejido de un cuerpo a otro, el sistema inmunológico del receptor, de manera xenófoba, identifica como «extraño» al nuevo tejido y lo ataca. El rechazo es una amenaza al éxito de los trasplantes, y los investigadores buscan actualmente formas mejores de reducir el rechazo biológico y también el modo en que dos sistemas sean más «infoenergéticamente» amistosos entre ellos.

MEMORIA CELULAR: Es la teoría por la que se plantea que cada uno de los 75 billones de células del cuerpo posee varios niveles de información almacenada, depositada allí mediante la conducción cardiaca de la energía «L», y que puede ser obtenida enfocándose menos sobre el cerebro y más sobre el corazón. La importancia de la memoria celular queda ilustrada al observar los recuerdos que se presentan en receptores de trasplantes cardiacos, en cuanto a varias formas de memorias de los donantes. Puesto que la información es una forma de energía y como, al igual que la materia, la energía no puede ser destruida, las memorias celulares son infinitas.

NEUROCARDIOLOGÍA: El campo que estudia el corazón como órgano neurohormonal.

NEUROPÉPTIDOS: Neurotransmisores compuestos de aminoácidos (bloques fundamentales en la composición de las proteínas que son cruciales para todos los procesos vitales) que están activos no sólo en el cerebro sino, como llaves microscópicas que encajan en los pequeños ojos de llave de las células del cuerpo, que actúan como «fragmentos de cerebro» que se extienden por todo el cuerpo y sirven para activar una memoria celular.

NEUROTRANSMISOR: Sustancia química emitida por las fibras nerviosas, capaz de transportar mensajes que hacen que los sistemas corporales, en una fracción de segundo, recuerden cómo comportarse.

PEAR: (Princeton Engineering Anomalies Research). El programa de investigación de las anomalías de ingeniería, de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey. Durante veinte años, este centro eminentemente científico ha identificado conexiones de energía sutil (energía «L») entre personas y máquinas y entre personas y lugares remotos. Estas conexiones parecen ser más profundas cuando los «perceptores» (participantes capaces de lograr estas conexiones de energía «L») muestran muchas características análogas a los trasplantados de corazón que son «cardiosensibles».

PSICOLOGÍA CARDIACA: El campo de la psicología de la salud que identifica los factores psicosociales de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, y que propone cambios en el estilo de vida para ayudar a prevenir y curar las dolencias cardiacas.

PSICONEUROINMUNOLOGÍA: El campo que estudia la interacción entre la mente, el cuerpo y los sistemas sociales y el modo en que esta interacción influye en la salud y en la curación.

XENOFOBIA: El temor evolutivo del cerebro e incluso el odio a los extraños y a cualquier «cosa», que se percibe como diferente al yo. Un factor muy importante en el rechazo de trasplantes de órganos.
Pasamos a exponer observaciones clínicas hechas a sus pacientes trasplantados por Paul Pearsall de EE.UU., doctorado en Harvard y en la Escuela de Medicina Albert Einstein.

El Dr. Pearsall, que también recibió un trasplante, es psiconeuroinmunólogo, es decir, psicólogo que estudia la relación existente entre el cerebro, el sistema inmunitario y nuestras vivencias del mundo exterior. Tiene experiencia de más de treinta años de práctica científica en la interpretación de cómo los acontecimientos externos influyen sobre nuestra salud. Fundó y dirigió una clínica psiquiátrica en la que se trataban cientos de enfermos graves, muchos de los cuales habían sufrido trasplantes de corazón o de otros órganos. Dirigió un departamento médico, poniendo en práctica un programa de rehabilitación cardiaca para enfermos de ataques al corazón, un proyecto que estaba pensado para ayudarles mediante cambios significativos en su modo de vida y el desarrollo de unos puntos de vista más equilibrados. Era un programa al que denominaban “Cambio de corazón”. Tanto en éste como en otros puestos, tuvo ocasión de dar conferencias por todo el mundo en distintas organizaciones de trasplantes de órganos; en ellas pudo recoger docenas de relatos impresionantes que parecían demostrar la existencia de algún tipo de memoria celular y de que el corazón desempeña un papel importante en la recuperación de esa memoria.

Pearsall, escribió el libro “El código del corazón” en el que investiga y sostiene la posibilidad de que sus pacientes trasplantados de corazón recibieron las memorias celulares de sus donantes, quienes manifestaron los detalles que luego pudieron ser confirmados por los propios familiares del donante.

Las “memorias celulares” más comúnmente descritas por los trasplantados de corazón se refieren a sabores, gustos y manifestaciones personales nuevas vinculados a sus donantes, constituyendo esto la regla y no la excepción.

En sus investigaciones habló con Claire Sylvia, una trasplantada de corazón que había descrito los cambios experimentados en su vida, relacionados con la energía de su donante, en un libro escrito en colaboración con Bill Novak, titulado A Change of Heart. A pesar de las fuertes críticas personales que algunas veces recibe, persiste en su creencia de que con el trasplante de corazón ha recibido mucho más que una simple masa de células biomecánicas. Los sorprendentes y acertados sueños sobre su donante, los cambios en sus apetencias gastronómicas, su estilo de baile y muchos otros cambios ofrecen las claves de la posibilidad de una memoria celular.

ALGUNAS CONSIDERACIONES DE SUS ESTUDIOS E INVESTIGACIONES
El corazón que encontró al asesino de su cuerpo

a.- “En una conferencia a un grupo de psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales reunidos en Houston, Texas, hablé de mis ideas sobre el papel central que tiene el corazón en nuestra vida psicológica y espiritual. Al hilo de mi conferencia, una psiquiatra se acercó al micrófono, durante la sesión de preguntas y respuestas, para hablar sobre una de sus pacientes cuyas experiencias parecían apoyar mis planteamientos sobre la memoria celular y el corazón pensante. El caso le había afectado de tal modo que durante su intervención tuvo que hacer grandes esfuerzos para no romper en lágrimas.

Expresándose de forma tan emocionada que resultaba difícil, tanto para la audiencia como para mí, entender sus palabras dijo:

- Tengo una paciente, una niña de ocho años que recibió el corazón de otra de diez años que había sido asesinada. Su madre me trajo a la clínica a mi joven paciente cuando ésta empezó a tener sueños sobre el hombre que había asesinado a su donante. Me dijo que su hija sabía quién era esa persona. Después de algunas sesiones, me fue imposible negar la evidencia de lo que esta niña me estaba contando. Su madre y yo decidimos llamar a la policía, que, apoyándose en la descripción hecha por la niña, logró descubrir al asesino. Con las evidencias presentadas por mi paciente fue cosa fácil inculpar al asesino. El momento, el arma homicida, el lugar, la ropa que llevaba, lo que la niña asesinada le había dicho al asesino... (según Pearsall – todo cuanto el pequeño corazón trasplantado le había dicho a su receptora resultó ser completamente preciso).

En cuanto la terapeuta regresó a su asiento, toda la audiencia compuesta por profesionales científicamente formados y con gran experiencia clínica se quedó en un silencio total. Pude escuchar los sollozos sofocados y las lágrimas que humedecían los ojos de los médicos que se sentaban en la primera fila. En lugar de hacer comentarios sobre el relato escuchado, pregunté a mi audiencia si no les importaría que rezáramos una oración por la niña asesinada. Pedí a los técnicos de sonido que pusieran, muy suave, la música hawaiana que yo suelo utilizar para mis presentaciones, y aclaré que se trataba de lo que los indígenas llaman «pule ´ohana», una oración en honor de nuestra unión espiritual, como familia universal que somos. En contra de lo que suele suceder habitualmente en estos casos, no se produjo entre los oyentes la menor muestra de duda o de escepticismo. La posibilidad real de que existiera un corazón que pudiera recordar nos había tocado a todos en nuestros propios corazones”.(Pág. 29-30)

b.- “Dado que muchos de nosotros estuvimos hospitalizados durante casi un año, sin ver la luz del sol ni sentir la brisa suave sobre nuestros rostros, el Club Higea del Corazón fue creciendo. Pacientes, médicos y enfermeras compartían los relatos sobre receptores de trasplantes que tenían recuerdos de sus donantes”,... (Pág. 48)

c.- “Durante mi reciente visita a la Universidad de Princeton tuve ocasión de almorzar con la doctora Brenda Dunne y con el equipo de investigación del laboratorio PEAR (Programa de Investigación de las Anomalías de la Ingeniería de la Universidad de Princeton – New Jersey). Hablé con la doctora Dunne sobre lo que yo identifiqué como el efecto de un «estallido de energía sutil», que había detectado en mis enfermos trasplantados de corazón. Muchos de ellos parecían, al principio, conectar profundamente con distintos aspectos de la personalidad de su donante y, posteriormente, parecían ir perdiendo o negando ese sentido de conexión, para volverlo a recuperar más tarde si dejaban de rechazar tal conexión, o de hacerla demasiado intensa. Parecía que las memorias celulares de su donante estuvieran mejor conectadas si se las dejaba ser y no se las forzaba. Una mujer de cincuenta y dos años, trasplantada de corazón, describió este fenómeno del estallido de energía sutil. Al referirse a los documentos de los investigadores de PEAR, que habían tenido éxito en el estudio de cierta forma de conexión de energía L (la infoenergía del código del corazón, según Pearsall), dijo esta persona: «No espere que esta memoria celular vaya a ponerle los pelos de punta. Se producirá suavemente si la deja ser. Si la fuerza demasiado, no creo que llegue a producirse, y si lo hace, usted no la sentirá. Yo siento la presencia de mi donante cuando estoy simplemente sentada, y dejo que la energía fluya»”. (Pág. 86-87)

d.- “Esta «glutinosidad» o naturaleza de conexión permanente de la energía «L» es una de las exposiciones más destacadas hechas por los receptores de trasplantes. Un ejemplo de ellas lo tenemos en lo que dijo un trasplantado de veintiséis años: «Estaré unido a mi donante para siempre. No pasa un día sin que me sienta unido a él. Es como lo que sucede con aquellas personas a las que he amado. No importa en dónde se encuentren, porque tan pronto como pienso en ellas puedo sentir en mi corazón cómo ellas están conmigo»”. (Pág. 102)

e.- “Si es posible que exista la energía vital «L» y que el corazón sea su centro primordial, entonces las células pueden memorizar la infoenergía que circula por el corazón. La evidencia de esta posibilidad existe en forma de acontecimientos notables vividos por receptores de trasplantes cardiacos que han recibido con ellos las memorias de sus donantes”. (Pág. 125)

f.- “La madre de un joven trasplantado dijo: ‘Ahora mi hijo utiliza siempre la palabra “copacético”*. Antes de tener su nuevo corazón jamás la usó, pero fue la primera cosa que pudo decirme tras la operación. No sé lo que significa. Dijo que todo estaba copacético. No es una palabra que conozca en español’. La esposa del donante que estaba oyéndonos, abrió desmesuradamente los ojos y, volviéndose hacia nosotros, dijo: ‘Esa palabra era la forma que teníamos mi marido y yo de decir que todo estaba bien. Siempre que discutíamos y hacíamos las paces, ambos decíamos que todo estaba copacético’.

El tema de aquella palabra mágica que parecía revelar un código del corazón que se hallaba dentro de él estimuló al joven, que empezó a contar historia tras historia de los cambios que había experimentado tras su trasplante. Aunque su madre nos lo había descrito como un vegetariano muy consciente de su salud, él dijo que ahora suspiraba por la carne y por los alimentos grasos. Aunque en tiempos había sido un amante de la música “heavy metal”, ahora le encantaba el rock de los años cincuenta. Nos contó también sueños repetitivos de luces brillantes que venían directas hacia él. Al escucharlo la esposa del donante nos dijo que, de hecho, su marido adoraba la carne, que era un adicto a la comida rápida y que había tocado en una orquesta de rock en Motown mientras estudiaba en la facultad de medicina, y que ella por su parte también tenía los mismos sueños sobre las luces de aquella terrible noche”. (Pág. 129)

g.- “Tanto las familias como los profesionales médicos y los cuidadores temen las consecuencias de que se pueda perder o alterar la personalidad del receptor ante el impacto que constituye la implantación de un nuevo «tejido anímico» procedente de un completo extraño. La esposa de un trasplantado perteneciente al Club Higea del Corazón, decía: «Espero que no tenga el corazón de un ex asesino». Aunque trataba de bromear, confesaba posteriormente que estaba preocupada e incluso le aterraba la idea de «cómo va a comportarse ahora conmigo mi marido». Otra de mis pacientes que había recibido el corazón de un hombre joven me expresaba el temor de que su marido no quisiera hacer el amor con ella, porque pudiera «considerarse homosexual». Más tarde añadía: «Cuando ahora bailamos, mi marido dice que yo siempre trato de llevarlo a él. Debe ser mi nuevo corazón de macho que me obliga a hacer esto». Preocupaciones parecidas a las manifestadas por esta mujer hacen esencial que tanto las memorias celulares como el código del corazón sean tratados de una forma cuidadosa, respetuosa, entrañable e incluso sagrada, reconociendo de este modo el hecho de que el nuevo corazón se está uniendo a un sistema, y no solamente a un cuerpo”. (Pág. 142)

h.- “El doctor Benjamin Bunzel, del Departamento de Cirugía del Hospital Universitario de Viena, ha estudiado el impacto producido por el trasplante de corazón en la personalidad de sus receptores. Confirmando lo dicho anteriormente por médicos e investigadores, escribe: «Los trasplantes de corazón no son simplemente el reemplazo de un órgano que ya no funciona. Con frecuencia se ve al corazón como el origen del amor, de las emociones y el centro de la personalidad».11 Él ha investigado cuarenta y siete casos de personas trasplantadas. Sus datos se acercan a los hallazgos que yo realicé en un grupo reducido, pero consistente y singular, de cardiosensibles.

El doctor Bunzel informa que el 15 por 100 de la muestra afirmó que su personalidad había cambiado debido a lo que significó una experiencia tan extrema como era un trasplante de corazón, pero no achacaban ese cambio a su donante. El 6 por 100, o sea, tres pacientes, dijeron que el cambio en su personalidad se debía a sus nuevos corazones. Añadieron que se vieron obligados a cambiar sus reacciones y sentimientos anteriores para acomodarlos a los que creían que eran las memorias celulares de sus donantes. El 79 por 100 dijo que su personalidad no había cambiado en absoluto tras la operación.

Al igual de lo que yo había investigado, el doctor Bunzel anota que estos pacientes que no experimentaron cambios emplearon una serie de fuertes mecanismos defensivos y, a menudo, mostraron una postura agresiva ante la pregunta de que pudieran recibir algún tipo de energía de sus donantes. Calificaron esas cuestiones de «completas tonterías», y ridiculizaron la idea de que sus donantes pudieran influir en su vida”. (Pág. 142-143)

i.- “Nuestro sentido del olfato es el más antiguo de todos, seguido por el sentido del gusto. Si nuestros antepasados no hubieran podido oler un predador o conocer el sabor de un posible veneno, no estaríamos aquí ahora. Es posible que debido a lo antiguos, básicos y fundamentales que son para la humanidad estos sentidos del olfato y del gusto, las memorias a este nivel sean las que mejor aceptan los trasplantados de corazón de sus donantes.

No he encontrado que mis pacientes trasplantados de corazón experimentaran en realidad un cambio en su «sentido» del olfato o del gusto. Lo que sí manifiestan son cambios en el aroma (interpretación del olor) y del sabor (significado que otorgamos a nuestros sentidos del gusto). Las memorias son mucho más que reacciones y estimulaciones de las células cerebrales de nuestros cinco sentidos básicos. Son la forma en que nuestro corazón siente, interpreta, comprende y experimenta nuestro mundo. Todo cuanto hemos gustado, olido, tocado, oído o visto vuelve a circular dentro de nosotros como infoenergía gracias al corazón, y las mismas células cardiacas recogen memorias energéticas de esos acontecimientos. Así pues, no resulta sorprendente que, al menos a algún nivel, con el nuevo corazón llegue también una nueva serie de memorias.

Veamos un ejemplo de «memoria celular del gusto» de uno de los pacientes cardiosensibles. «Es realmente extraño, pero cuando estoy haciendo la limpieza en casa o me siento a leer, de repente me viene a la boca un sabor inusual. Resulta difícil de describir, pero es muy específico. Puedo saborear algo y, de repente, empiezo a pensar en mi donante, sea quien fuere, y en cómo viviría. Después de un rato, ese sabor desaparece y también los pensamientos, pero el sabor siempre es el primero en llegar»”. (Pág. 179-180-181)

j.- “Los pacientes trasplantados de corazón del tipo cardio insensibles que se muestran reticentes a considerar la posibilidad de memorias celulares, a menudo hablan de memorias de sus donantes en forma de vislumbres «icónicos», en asociaciones involuntarias y espontáneas con ellos”. (Pág. 184)

k.- “Los trasplantados de corazón menos cardiosensibles suelen mencionar esos momentos cuánticos de asociación con sus donantes en forma de lo que ellos consideran imágenes inexplicables, ensoñaciones durante la vigilia y pensamientos y fantasías novedosas que con frecuencia les distraen durante unos momentos”. (Pág. 185)

l.- “Otra dificultad que surge con la memoria a largo plazo es que en el mismo acto de intentar recordar un suceso (atormentando al propio «cerebro») puede deformar la percepción de su experiencia, tanto como sucedió como si no sucedió realmente. Es posible que, al pedirle a un paciente que sintonice con las memorias celulares de su donante, cree una serie de memorias falsas. Aunque no siempre es posible hacerlo así, en el caso de mis pacientes trasplantados de corazón que recibieron las memorias celulares de sus donantes, los detalles que manifestaron pudieron ser confirmados por los propios familiares del donante”. (Pág. 186)

ll.- “Cuando hablé de las memorias celulares de los donantes, que parecían estar mencionadas en los informes de antiguos receptores de trasplantes, y de que su temperamento y personalidad parecían haberse alterado en correlación general con los de sus donantes, mis escasos informes iniciales fueron relegados al acostumbrado vertedero científico de hechos inexplicables: la casualidad”. (Pág. 204)

m.- “Un niño de ocho años que había recibido un corazón describió la naturaleza de la cardiosensibilidad y la cardiocontemplación como un «caer en», en lugar de un «alcanzar».

– Puedo sentir al otro niño dentro de mí –dijo el niño en cuestión–. No me pasaba eso al principio, pero cuando mi inmunidad quedó restablecida y finalmente me volvieron a dejar jugar con Pierre (el perro de raza poodle francés, de la familia), comencé a llamarlo King. No sé por qué. Puede que el nombre de mi donante haya sido King. De cualquier forma, ahora puedo sentir al otro niño dentro de mí. Es como cuando uno no sabe que se ha golpeado la rodilla y más tarde, al sentarse a ver televisión o algo así, se descubre la herida y comienza a sentirla y ya no se puede olvidar más de ella. Incluso cuando se va curando o se cae la costra, la pierna recuerda siempre dónde tenía la herida”. (Pág. 239)

A fin de ilustrar la naturaleza de las conexiones energéticas, experimentadas por los receptores de trasplantes (según Pearsall), describe algunas de las 140 recogidas en cintas magnetofónicas.

1.- “Mujer de treinta y cinco años trasplantada de corazón (la donante fue una joven prostituta de veinticuatro años muerta en una reyerta a puñaladas).

‘Yo nunca estuve interesada en el sexo. Ni siquiera pensé mucho en eso. No me entienda mal, mi esposo y yo tuvimos una vida sexual normal, pero eso no era importante en nuestras vidas. Ahora agoto a mi marido. Deseo hacer el amor todas las noches y, a veces, me masturbo dos o tres veces al día. Antes odiaba los videos X, pero ahora los adoro. Me siento como una mujerzuela y, en ocasiones, cuando estoy de buen humor, realizo un striptease para mi marido. Jamás había hecho algo parecido antes de mi operación. Cuando le comenté todo esto a mi psiquiatra, me dijo que era una reacción a la medicación y porque ahora tengo un cuerpo más sano. Posteriormente he descubierto que mi donante trabajaba en un topless y actuaba como profesional a domicilio. Creo que he adoptado su orientación sexual, y mi marido también lo piensa así. Me dice que no soy la mujer con la que él se casó, pero que no le importa estar casado conmigo de nuevo’.

Marido de la receptora. ‘No es que lo sienta, entiéndame, pero creo que lo que tengo ahora es una gatita sexual. No es que lo hagamos más, pero ella siempre está deseando que hablemos de sexo y quiere ver una serie de videos de tipo erótico que antes jamás veíamos ni hablábamos. Utiliza palabras que jamás empleaba antes, pero eso también está haciendo que yo cambie, así que no me quejo. Nuestra peor discusión se produjo unos meses después de su operación y bastante antes de que ella se enterase de quién era su donante. Yo estaba bromeando, y en un momento apasionado le dije que tenía el corazón de una puta. Estuvimos sin hablarnos durante semanas’”. (Pág. 147-148)

2.- “Mujer de cuarenta y siete años, trasplantada de corazón (el donante fue un chico gay de veintitrés años que fue tiroteado durante un atraco y murió posteriormente de las heridas recibidas en la parte inferior de la espalda).

‘Durante tres años no le he hablado a nadie de esto. Todavía me fastidiaba hacerlo. Me entrevisté con la familia del donante y me dijeron que su hijo era un artista muy brillante y que era gay. Ahora me pregunto, cuando veo a mi marido, si lo miro como una mujer acostumbraría a hacerlo o si lo estoy mirando como lo miraría un joven gay. Me alegro de poder estar hablando de esto con usted. Y todavía quiero decirle una cosa más. Su madre me dijo que le habían disparado en la espalda. Después de mi operación, he tenido dolores en la parte baja de la espalda, pero supuse que era debido a la operación pasada’.

Marido de la receptora. ‘Me sorprendió mucho cuando una de las primeras cosas que me preguntó, cuando empezamos a hacer el amor después de la operación, fue si yo había tenido alguna vez pensamientos homosexuales. Ha cambiado totalmente su forma de vestirse. Ahora lleva ropa muy femenina y ajustada, cuando antes se vestía con ropa unisexo. A veces, por la noche se despierta repentinamente sollozando. Me preocupaba que pudiera tener un ataque cardiaco, pero ella se señala la espalda y dice que es como si le hubieran disparado en la mitad de la espalda’”. (Pág. 148-149)

3.- “Varón de cuarenta y un años trasplantado de corazón (recibió el corazón de una chica de diecinueve años, muerta al ser arrollado su coche por un tren).

‘La sentí cuando me desperté. ¿Sabe usted lo diferente que se siente todo tras una tormenta o un aguacero torrencial? ¿Sabe cómo es ese sentimiento que se percibe en la atmósfera? Pues eso fue lo que yo sentí. Era como si en mi interior se hubiera producido una tormenta o como si me hubiera golpeado un rayo. Hay una nueva energía en mí. Me siento como si tuviera diecinueve años de nuevo. Estoy convencido de que tengo el corazón de un joven, porque algunas veces puedo sentir una fuerza interior que nunca tuve antes. Creo que tal vez se trate de un antiguo conductor de camiones, o algo parecido, que posiblemente murió atropellado por un camión de cemento o algo así. Noto dentro de mí esa gran fuerza y esa sensación de velocidad’.

Esposa del receptor: ‘Se ha convertido en un niño. Antes tenía que luchar para poder respirar y carecía de la menor resistencia. Pero ahora parece un muchacho. El trasplante lo transformó por completo. Habla todo el tiempo del poder y de la energía. Dice que tiene sueños en los que se ve conduciendo un gran camión o una gran máquina de vapor. Seguramente su donante era conductor de un gran camión que chocó con otro más grande’”. (Pág. 146)

4.- “Mujer de treinta y dos años trasplantada de corazón y pulmón (recibió el corazón y los pulmones de una chica de veinte años, asesinada mientras iba por la calle a mostrarle a su novio una fotografía de su futuro traje de novia).

‘Al principio ni siquiera quería pensar en ello. No quería pensar que otra persona había tenido mi corazón antes que yo. Sabía que era así, naturalmente, pero prefería pensar que a mi nuevo corazón lo habían fabricado en alguna parte y me lo habían entregado. Me volvía loca cuando la gente me preguntaba qué sentía llevando en el pecho el corazón de otra persona. Había oído a otros trasplantados que era una estupidez hablar de esas cosas, pero no podía evitarlo. Casi todas las noches tenía este sueño sobre ella. Sé que ella era joven, bonita y feliz. De alguna manera siempre he sido un tipo de persona así, pero, de todos modos, nunca había experimentado antes esta nueva felicidad. Es extraño, porque algunas veces sigo sintiendo miedo de que pueda morir, de que el nuevo corazón me falle. En cierto modo ahora tengo más razones para sentir miedo que antes cuando estaba enferma, porque se me ha concedido este gran don de alguien que ha perdido su vida. A ella le debo el seguir viviendo. Siento como si, allá en lo más profundo de mí, se mantuviese viva una pequeña alegría. La medicación me hace sentir a veces depresiva y de mal humor, pero en mi interior, sigo sintiendo esa felicidad extraña, esa excitación y alegría que no logro explicar con palabras. Quisiera ir por ahí diciéndoselo a todo el mundo, pero me temo que pensarían que estoy completamente chiflada’.

Hermana de la receptora: ‘Lo único que hemos apreciado todos en ella es que ahora sonríe mucho más. Siempre fue una persona ceñuda, pero ahora ríe y se sonríe incluso cuando menos lo esperamos. Tal vez sea porque tiene un nuevo hálito de vida, pero no podemos saberlo. Es feliz y parece tener un corazón muy cálido’”. (Pág. 146-147)

5.- “Varón de cuarenta y dos años trasplantado de corazón (su donante fue un muchacho de diecisiete años atropellado por un conductor que dio a la fuga).

‘Hace dos años que he tenido el trasplante. Todavía me siento triste por mi viejo corazón. Algunas veces, cuando menos lo espero, me acuerdo de él. Me sirvió bien y murió aunque yo he podido seguir viviendo. En ocasiones desearía volverlo a ver aunque sólo fuera por una vez; me pregunto qué habrá sido de él, pero detesto pensar mucho tiempo en eso. Es algo muy duro. Nunca llegaré a entenderlo. Antes de tener mi nuevo corazón adoraba la música clásica. Ahora, me pongo los cascos, subo el volumen del estéreo y escucho música de rock. Mi hija dice que desde que tengo mi nuevo corazón he regresado a la adolescencia y que actúo como un chico de dieciséis años’.

Hija del receptor: ‘A veces resulta verdaderamente embarazoso, cuando mis amigos me preguntan si mi padre ha vuelto a la segunda infancia. Se ha aficionado a escuchar música muy alta, y mi madre dice que él ha dado salida al niño que había en su interior’”. (Pág. 148)

EL ÁNGEL EN NUESTRO PECHO

“Charles Siebert es un escritor médico que ha publicado, de forma sensible, precisa y científica, muchos artículos sobre distintos temas de salud. Cuando estaba preparando una historia sobre la experiencia vivida por una mujer trasplantada de corazón, que iba a publicar en el New York Times Magazine, tuvo la oportunidad de asistir a la fiesta del Día de San Valentín que daban más de un centenar de enfermos trasplantados de corazón. Prácticamente todos los receptores hablaron de “recuerdos espirituales”, o de haber sentido la energía de sus donantes. Siebert escribe: “Todas las personas con las que me entrevisté en la fiesta hablaban con el mismo tono reverente sobre el ángel que albergaban en el pecho, sobre ese regalo y esa responsabilidad que ahora tenían, y de las oraciones que le dirigían a esa otra persona que tenían en su interior”.

A diferencia de los receptores de otro tipo de órganos, todos los trasplantados de corazón a los que entrevisté, ya fueran cardiosensibles o no y sin que importara el número de años pasados desde su operación, seguían hablando de alguna manera con sus nuevos corazones y manifestaban un cierto tipo de vinculación con sus donantes. Una de las pacientes mencionadas por Siebert, una enferma de cincuenta y tres años, decía de su donante, un año después del trasplante: «Estuve hablando con ella la noche después de mi operación. Le dije: “Espero que no seas sonámbula”». El recuerdo de sus donantes se encuentra presente en todos los que reciben el más preciado de los regalos, y de su ejemplo y experiencia todos podemos aprender a recuperar nuestras propias formas de memoria celular de los muchos donantes energéticos que han tenido lugar en nuestras vidas”. (Pág. 187-188)

C. Siebert, “Carol Palumbo Waits for Her Heart”, New York Times Magazine, 13 de abril de 1997, p. 41.

OTRAS POSIBLES FUENTES DE NUESTRAS MEMORIAS CELULARES

(Según Pearsall)

“Teoría del espíritu impreparado. He entrevistado a cuatro «sanadores» que se calificaban a sí mismos de «médiums espirituales» o «canalizadores». Dicen ellos que la conexión energética que yo menciono existente entre el corazón del receptor y su donante se debe a la presencia del espíritu del donante que todavía no se ha ido a «otro plano» o «infinitud». Aseguran que es posible que, teniendo en cuenta que los corazones donados proceden de cuerpos jóvenes que han sufrido un terrible e inesperado fin de sus vidas físicas, sus espíritus todavía no se encuentran preparados para «moverse» y, por tanto, continúan expresándose a través del corazón de sus receptores”. (Pág. 190)

“Teoría del corazón sorprendido. Como una prolongación de la teoría del «espíritu impreparado», otros dos «médiums espirituales» a los que entrevisté me expusieron una nueva explicación de la memoria celular. Decían que, debido a lo imprevisto de la muerte de la mayoría de los donantes, el espíritu de éstos no se había percatado de que su cuerpo ya se encontraba sin vida. El corazón trasplantado seguía actuando como si se hallase en su cuerpo anterior, sin darse cuenta de que ya no existía ese cuerpo”. (Pág. 190)

“Teoría. Durante una reunión de «sanadores psíquicos», hablé con tres de los presentes que me dijeron que mis ideas sobre la cardioenergética estaban equivocadas. Ellos creían que lo que yo había oído de mis pacientes cardiotrasplantados era una simple evidencia de que se había establecido alguna forma de conexión entre las almas de los vivos y de los muertos y que el receptor era el vehículo del alma viajera del donante que reaparecía en el receptor”. (Pág. 191)

“Teoría psicométrica. Durante mis reuniones con sanadores psíquicos se me dijo que los objetos físicos pueden absorber la energía de las personas que han estado cerca de ellos. Algunos «psíquicos» indicaron que el corazón del donante es un «objeto» que está imbuido de la energía psíquica del donante, mucho más de lo que lo puede estar una sortija o cualquier otro objeto que pudiera llevar la energía de su propietario. El biólogo Lyall Watson indica que estos elementos físicos con los que estamos en contacto íntimo pueden haber recibido nuestras impresiones emocionales y guardar nuestros pensamientos y sentimientos. Si las plantas y los objetos inanimados pueden conservar nuestros pensamientos y sentimientos, es posible también que los órganos de nuestro cuerpo, que están mucho más íntimamente unidos a nosotros, puedan contener nuestras impresiones emocionales.

Las explicaciones anteriores de la recuperación de la infoenergía almacenada en las memorias celulares por el corazón trasplantado del receptor (y por otros órganos en menor grado) no excluyen la hipótesis ofrecida por los doctores Linda Russek y Gary Schwartz sobre la Memoria Sistémica que, según indiqué, explica mucho mejor la naturaleza de las memorias celulares y la existencia de un código del corazón que ayuda a construirlas. Yo creo que cada una de las explicaciones antes mencionadas tienen su propio mérito y validez y que, como aquel ciego que tocaba un elefante, los que proponen cada una de ellas están en contacto con diversos aspectos del mismo fenómeno de energía sutil”. (Pág. 191-192-193)

Además menciona Pearsall: La teoría del “pequeño cerebro del corazón”.- La teoría de los Neuropéptidos.- La teoría del campo magnético.- Teoría electrofisiológica.- Teoría de la bellota.- Teoría de la “Manifestación de la conciencia no local”.- Teoría del “Recuerdo del umbral rebasado”.- Teoría de la resonancia mórfica.- Teoría del Hospital Grapevine.

CONCLUSIÓN
ANÁLISIS DESDE LA FILOSOFÍA
A nuestro criterio, no son los órganos trasplantados los que tienen memoria celular, como se sostiene, que luego manifiesta el receptor en forma de ideas, gustos, tendencias o inclinaciones del donante.

Para este estudio particular debemos tener en cuenta lo siguiente: EL HOMBRE ES UN SER ESENCIAL, ALMA O ESPÍRITU CON UN CUERPO FÍSICO.

CUERPO
ALMA + + CUERPO = HOMBRE (GÉNERO HUMANO)
FLUÍDICO

Nosotros (hombre), somos un alma, espíritu o ser esencial, tenemos un cuerpo fluídico semimaterial más el cuerpo físico. Durante la vida del cuerpo, el cuerpo fluídico semimaterial está unido al cuerpo físico material, molécula a molécula, y hace de vehículo del pensamiento entre el alma y el cuerpo, teniendo por hilos conductores los nervios (para enviar los mensajes bioquímicos-neurotransmisores a las diferentes partes del organismo que actúan bajo el impulso de la voluntad).Los seres (alma, espíritu o ser esencial) cuyos cuerpos han muerto (donantes), en algunos casos pueden sentirse atraídos por una misma forma de pensar, sentir y actuar con el receptor del órgano trasplantado, al que se asimilan, confundiéndose los dos pensamientos, las dos voluntades y los dos cuerpos fluídicos (del receptor con cuerpo y del donante sin cuerpo), de forma tal que el donante (alma o espíritu) se vale del cuerpo del receptor (hombre), manifestando sus ideas, gustos, inclinaciones, y tendencias que tenía antes de su desencarnación (muerte).



Mientras las células de los órganos a transplantar estén vivas existe la unión de alma y cuerpo que está establecida por el cuerpo fluídico. Por lo tanto el ser (donante), como alma o espíritu, debe sufrir intensamente cuando le ablacionan sus órganos, ya que está unido a su cuerpo físico (cuyas células están vivas), molécula a molécula y es probable que siga al o a los órganos que están impregnados de su fluido vital (cuerpo fluídico) en el cuerpo del receptor, hasta que el órgano trasplantado sea impregnado por el fluido vital del receptor, lo que no significa que el donante como alma o espíritu se retire, sino que se asimila con el receptor para actuar conjuntamente con él.

Con la ablación de los órganos, cuando la persona (donante) se encuentra con muerte cerebral, se altera el NATURAL desprendimiento del alma o espíritu del cuerpo físico del donante, que se produce a raíz de la muerte de todas las células.

Como quiera que sea, ya por el accidente que le causó la muerte cerebral o por ablación de sus órganos, su muerte es violenta, lo que lleva a ese ser espiritual que dejó su cuerpo, a permanecer mucho tiempo en estado de turbación, tal vez años, en los que quizás no se dé cuenta de su estado, creyendo seguir viviendo con los mismos pensamientos, las mismas preocupaciones, los mismos sufrimientos pero sin el cuerpo de la tierra, figurándose las normales ocupaciones, y al unirse a las personas (receptores) puede causar influencia física y mental como las mencionadas en los casos: de a a m y de 1 a 5, del resumen que realizamos sobre el libro “El código del corazón” del Dr. Paul Pearsall.

El hombre como alma, ser esencial, espíritu con cuerpo (en este caso particular receptor de órganos), transmite a su cuerpo físico la impresión de sus pensamientos; demostrado esto en el estudio que la medicina ha hecho sobre el Estrés.

La explicación de cómo el donante influye sobre el receptor (por haberse unido a éste) se verifica en cuanto a cambio de ideas, gustos, inclinaciones que este último (receptor) adquiere del donante.

Esta influencia puede ser física y mental. Obsérvese el cambio de ideas, gustos y tendencias del receptor en la parte mental (caso 1) e influencia física (caso 2) porque pueden transmitirnos hasta las mismas dolencias que tenían antes de su muerte (desencarnación), o que tal vez fueron la causa de la misma.

De todas maneras para que se produzca la manifestación de la influencia física (caso 2), debe haber primero influencia mental, porque esta dolencia que transmite al receptor debe estar en el pensamiento del donante cuyo cuerpo ha muerto, pero que como alma o espíritu sigue viviendo.

En el caso (1) que mencionamos como influencia mental, el donante (alma o espíritu que murió su cuerpo) influye sobre el receptor haciéndolo pensar y obrar por él, le obliga a cometer actos extravagantes, a pesar suyo se convierte en un ciego instrumento de sus gustos e inclinaciones sexuales.

Es de observar que el receptor tiene conciencia que lo que hace es ridículo, pero está forzado a hacerlo como si un ser más poderoso lo obligara a obrar contra su voluntad.

Según lo manifestado por el Dr. Pearsall, muchos de los receptores de trasplantes de órganos que al principio se conectaban con distintos aspectos de la personalidad de su donante, posteriormente parecían ir perdiendo o negando ese sentido de conexión, para volverlo a recuperar más tarde si dejaban de rechazar tal conexión, o de hacerla demasiado intensa.

Esto se debe a que el receptor cede su voluntad al donante (alma o espíritu libre) y éste se manifiesta a través del cuerpo del receptor. Esta influencia nunca se ejerce sin participación de quien lo sufre, ya por debilidad o deseo.

Es de observar también que cuando el receptor rechaza firmemente recibir algún tipo de energía de su donante, es decir no cede su voluntad, esta influencia no se manifiesta, lo que no significa que no se produzca de algún modo.

En muchos países, se ha establecido la muerte encefálica o cerebral, como muerte de la persona, lo que significa que el paciente (donante) que se encuentra en ese estado está LEGALMENTE MUERTO, PERO NO REALMENTE MUERTO.

La condición necesaria para que los órganos principales: corazón, pulmón, riñones, etc., a ser transplantados sean de utilidad, requiere que el donante se encuentre con muerte cerebral, lo que significa la muerte de las células cerebrales por lo cual el donante no se puede manifestar, pero el resto del organismo continúa con vida, aún sostenida por medios mecánicos (situación que en algunos casos ha perdurado varios meses o años). El cadáver con muerte cerebral se puede enfermar, tener hijos. En Inglaterra y otros países, es anestesiado para que no sienta dolor cuando le extraen los órganos y al final muere de paro cardiorespiratorio o por ablación de sus órganos.

En síntesis, esta muerte cerebral, inventada, que justifican por razones utilitarias, permite extraer los órganos a las personas que tienen vida.

La influencia de los espíritus sobre los hombres, no es invento, ni concepción del autor de este trabajo. Estos hechos se encuentran en el Antiguo y Nuevo Testamento. Ver ejemplo: San Mateo 17, 14 a 18 (Influencia del demonio – del griego DAIMON que significa: espíritu, ser extra corpóreo).

Surge de la experiencia y es de conocimiento de los profesionales vinculados a los trasplantes en E.E.U.U., que los receptores y futuros receptores de órganos muestren cierto miedo ante el hecho que se vieran obligados a asumir las características de los donantes muertos, como por ejemplo los comportamientos que adoptara el cuerpo, por las preferencias y orientaciones sexuales, incluso si se volviera promiscuo y perdiera por completo su orientación sexual.

Además es que, procediendo la mayoría de órganos (corazones) de personas que encontraron una muerte repentina, incluso violenta, tengan que albergar espíritus de esos sujetos, que no estaban preparados para abandonar tan repentinamente el cuerpo. Otra preocupación lo constituye la adquisición de nuevos sentimientos religiosos y creencias, que sean tal vez totalmente opuestas a las convicciones que ellos mantuvieron durante toda la vida. (Pág. 140-141- “El código del corazón”)

La Academia Filosófica de La Plata, no está en contra de los trasplantes de órganos, ni de las personas que lo necesitan para prolongar o mejorar su calidad de vida, pero se pregunta: ¿cuál es el criterio moral que se sigue para determinar que una vida vale más que otra, tanto la del donante agónico, como la del receptor tal vez también agónico?

La vida es valiosa, aunque sea precaria y debe ser respetada hasta la muerte natural, que significa la cesación definitiva de las funciones vitales orgánicas.

Las investigaciones realizadas por los profesionales vinculados a los trasplantes, demuestran que para la obra de bien que se quiere realizar, se puede también causar mucho daño. Recordamos lo que sostenía el filósofo griego Sócrates (400 a.C.) es PORQUE SE TOMA EL CUERPO SIN EL ALMA.

El hombre es algo más que su cuerpo, es un alma con cuerpo y en este caso particular de los trasplantados se producen hechos que escapan a la ciencia del plano físico. Estos pertenecen al plano espiritual que la realidad demuestra y se verifican a través de las observaciones realizadas por los profesionales médicos.

La muerte cerebral ha sido cuestionada internacionalmente, entre los cuales podemos citar:

“El grave problema que se presenta en el caso de la donación de órganos está relacionado con la condición del donante que, con el fin de obtener los órganos en condiciones de utilidad para el implante, requiere que el paciente esté vivo, por lo que se ha instaurado la condición de “muerte cerebral”, declarando un status de muerto al que realmente no lo está y que, finalmente, alcanza la muerte a causa de la extracción de los órganos que le son vitales para sostenerla. Esto constituye nada menos que un asesinato”.

The Facts of Life de Brien Clowes. Publicado por Human Life International. EE.UU.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS ACTOS

Procurar la muerte de un ser humano en forma anticipada en cualquier fase de su existencia, desde la concepción hasta la muerte natural, constituye un homicidio.
El Papa Juan Pablo II, el 25/12/00 y 30/01/01 instó a defender la vida en cualquier fase de su existencia: Desde la concepción hasta la muerte natural. Igual consideración expresó el Papa Benedicto XVI en el Vaticano, el 10/02/07.
Cuando se ha detenido el corazón (muerte natural) ningún órgano principal sirve para trasplantes, salvo tejidos.
Siendo el cuerpo la envoltura del alma e instrumento temporal de progreso, defender el derecho a la vida del hombre (alma con cuerpo físico) es un deber ineludible que nos compete a todos los seres humanos.
En estas consideraciones quedan comprendidas, entre otras: la ablación de órganos para trasplantes con muerte cerebral, la práctica de eutanasia, el aborto (químico, mecánico, quirúrgico), la manipulación genética, sea clonación de embriones con fines terapéuticos o reproductivos, de cuya selección se determina quien debe vivir o morir, etc.
El embrión implantado o no, es un ser humano (alma con cuerpo físico), cuya vida debe ser respetada.
El hombre lleva la ineludible responsabilidad de sus actos y pensamientos, por los que deberá dar rigurosa cuenta y compensar su erróneo proceder, sea en la presente existencia, en el mundo esencial o espiritual cuando deje su cuerpo físico, o bien en una nueva existencia corporal.
ACADEMIA FILOSÓFICA DE LA PLATA
________________________________

ACADEMIA FILOSOFICA DE LA PLATA
Calle 6 N° 1684 – La Plata – Bs. As. – Argentina
Tel. ++ 54 221 483-9425
E-Mail: acadfilo@netverk.com.ar
Http://www.acadfilosofica-lp.org.ar

* Copacético significa que una cosa está bien, que es perfecta y correcta, en lenguaje coloquial inglés.
11 B. Bunzel, “Does Changing the Heart Mean Changing the Personality?”, pp. 251-256.

GLOSARIO
BIOENERGÉTICA: Rama de la biología que trata con la energía generada dentro y desde sistemas vivientes.

CARDIOCONTEMPLACIÓN: Técnica para atraer la atención del cerebro hacia su corazón. Involucra el permanecer inmóviles, quietos y permitir (no tratar de hacer) que ocurra la respuesta de resonancia. Es una derivación de la «Técnica del Cuadro Congelado» desarrollada por investigadores del Instituto de HeartMath, en California, mediante la que se «congelan» las situaciones o las escenas de estrés para poderlas considerar desde una perspectiva más calmada y centrada en el corazón. La cardiocontemplación, no obstante, es menos una «consideración» que una total conciencia de las experiencias en el centro del cuerpo.

CARDIOENERGÉTICA: Campo que combina los hallazgos de la cardiología, la psicología cardiaca, la cardiología energética, la neurocardiología, la psiconeuroinmunología y los principios básicos de la física cuántica, con la idea de que la energía y la información son intercambiables y de que esta infoenergía es transportada y comunicada primariamente por el corazón.

CARDIOSENSIBLE: Una sensibilidad al código del corazón; es decir, a la energía sutil «L». Sobre la base de las entrevistas llevadas a cabo en 73 receptores de trasplantes de corazón y 67 receptores de otros tejidos, y en entrevistas realizadas a pacientes de trasplantes por otros investigadores, parecen existir 17 características en las personas cardiosensibles, es decir, en los que son capaces de recuperar alguna forma de memoria celular de su donante. Estas personas pueden servir como modelos para cualquier persona que desee aprender a leer mejor el código del corazón.

CLUB HIGEA DEL CORAZÓN: Denominado así en honor de la diosa griega del amor vital y de la fuerza sanadora, contrapunto de su padre Esculapio, el dios griego más falto de corazón, que trató de curar el cuerpo humano encadenándolo a su mera función mecánica.

CÓDIGO DEL CORAZÓN: Son las señales infoenergéticas sutiles (energía «L») que contienen memorias codificadas de las células y el corazón de cada persona, y de las células y corazones de todas las personas.

ENERGÍA “L”: La infoenergía del código del corazón, es la «quinta fuerza» y, aunque las trasciende por su naturaleza no localizada, está relacionada con las cuatro fuerzas energéticas conocidas de gravedad, electromagnetismo, energía nuclear fuerte y energía nuclear débil. Como todas las cosas en el cosmos, posee un lado «claro» (positivo) y un lado «oscuro» (negativo). La «estabilidad» cardioenergética es una «inestabilidad» creativa que equilibra ambos lados de la energía «L».

FENÓMENO DE ESPRINT PSÍQUICO: Como se muestra en el programa PEAR, la conexión de energía «L» (la conexión con el código del corazón) parece ser repentina, y luego disminuir para volver a reasumir su profunda, aunque muy sutil, influencia inicial. La curva en forma de U de esa experiencia es similar a la conexión cardiosensible entre receptores de trasplante cardiaco y sus donantes. El que se reanude la conexión de energía «L» parece depender de la capacidad de estar «amando», serenamente egoístas y conectados lo suficiente como para permitir al corazón entrar en resonancia infoenergética con los ritmos naturales del mundo exterior.

FENÓMENO DEL RECHAZO: Cuando se trasplanta tejido de un cuerpo a otro, el sistema inmunológico del receptor, de manera xenófoba, identifica como «extraño» al nuevo tejido y lo ataca. El rechazo es una amenaza al éxito de los trasplantes, y los investigadores buscan actualmente formas mejores de reducir el rechazo biológico y también el modo en que dos sistemas sean más «infoenergéticamente» amistosos entre ellos.

MEMORIA CELULAR: Es la teoría por la que se plantea que cada uno de los 75 billones de células del cuerpo posee varios niveles de información almacenada, depositada allí mediante la conducción cardiaca de la energía «L», y que puede ser obtenida enfocándose menos sobre el cerebro y más sobre el corazón. La importancia de la memoria celular queda ilustrada al observar los recuerdos que se presentan en receptores de trasplantes cardiacos, en cuanto a varias formas de memorias de los donantes. Puesto que la información es una forma de energía y como, al igual que la materia, la energía no puede ser destruida, las memorias celulares son infinitas.

NEUROCARDIOLOGÍA: El campo que estudia el corazón como órgano neurohormonal.

NEUROPÉPTIDOS: Neurotransmisores compuestos de aminoácidos (bloques fundamentales en la composición de las proteínas que son cruciales para todos los procesos vitales) que están activos no sólo en el cerebro sino, como llaves microscópicas que encajan en los pequeños ojos de llave de las células del cuerpo, que actúan como «fragmentos de cerebro» que se extienden por todo el cuerpo y sirven para activar una memoria celular.

NEUROTRANSMISOR: Sustancia química emitida por las fibras nerviosas, capaz de transportar mensajes que hacen que los sistemas corporales, en una fracción de segundo, recuerden cómo comportarse.

PEAR: (Princeton Engineering Anomalies Research). El programa de investigación de las anomalías de ingeniería, de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey. Durante veinte años, este centro eminentemente científico ha identificado conexiones de energía sutil (energía «L») entre personas y máquinas y entre personas y lugares remotos. Estas conexiones parecen ser más profundas cuando los «perceptores» (participantes capaces de lograr estas conexiones de energía «L») muestran muchas características análogas a los trasplantados de corazón que son «cardiosensibles».

PSICOLOGÍA CARDIACA: El campo de la psicología de la salud que identifica los factores psicosociales de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, y que propone cambios en el estilo de vida para ayudar a prevenir y curar las dolencias cardiacas.

PSICONEUROINMUNOLOGÍA: El campo que estudia la interacción entre la mente, el cuerpo y los sistemas sociales y el modo en que esta interacción influye en la salud y en la curación.

XENOFOBIA: El temor evolutivo del cerebro e incluso el odio a los extraños y a cualquier «cosa», que se percibe como diferente al yo. Un factor muy importante en el rechazo de trasplantes de órganos.